Andrey Rublev, el laureado e irascible rival a vencer para Ignacio Buse en su estreno en Roland Garros 2026
El sorteo del cuadro principal de Roland Garros 2026 deparó un debut de máxima exigencia para Ignacio Buse. La primera raqueta peruana medirá fuerzas en la ...
El sorteo del cuadro principal de Roland Garros 2026 deparó un debut de máxima exigencia para Ignacio Buse. La primera raqueta peruana medirá fuerzas en la ronda inicial ante el ruso Andrey Rublev, un examen que ofrece una radiografía compleja. El moscovita es un tenista de jerarquía indiscutible, dueño de una derecha demoledora y una intensidad física que asfixia a sus rivales desde el fondo de la pista.
Su efectividad sobre la tierra batida cuenta con registros respetables. En su palmarés destaca el Masters 1000 de Madrid, un torneo sobre polvo de ladrillo que, si bien presenta condiciones distintas a París por la altura y la velocidad de la bola, certifica su valía en esta superficie. Sin embargo, la regularidad en el Grand Slam francés le es esquiva. En la edición de 2025, se despidió en la cuarta ronda a manos del italiano Jannik Sinner, quien a la postre fue finalista del torneo.
La pesadilla de Rublev frente a los tenistas transalpinos en París viene de atrás. En 2024, otro italiano, Matteo Arnaldi, lo despachó de forma sorpresiva en la tercera ronda. Un año antes, en 2023, Lorenzo Sonego lo eliminó en la misma instancia tras una batalla de cinco parciales. A pesar de estos tropiezos recientes en las primeras semanas, el ruso sabe lo que es pisar las rondas decisivas en el Bois de Boulogne, puesto que alcanzó los cuartos de final en las temporadas 2020 y 2022.
La batalla contra sus propios demoniosMás allá de sus virtudes técnicas, el verdadero punto débil de Rublev habita en su mente. El moscovita es dueño de un temperamento irascible y condiciones emocionales muy volátiles que le juegan en contra en los momentos de máxima presión. Sus arranques de furia son recurrentes y tristemente célebres en el circuito profesional.
Es habitual ver al ruso estrellar su raqueta con violencia contra la hierba, el polvo o la pista dura. En múltiples ocasiones, estos episodios de frustración terminan en heridas autoinducidas en sus rodillas o penalizaciones por parte de los jueces de silla. Esta falta de control emocional le genera lagunas competitivas profundas, un factor que desconecta su tenis y que sus rivales pueden aprovechar si logran sostener los intercambios largos.
A pesar de estos problemas de conducta, su vitrina es envidiable. Rublev ostenta 17 títulos en el circuito ATP y una medalla de oro olímpica en dobles mixtos. Su historial lo coloca como un adversario de temer, pero su inestabilidad emocional abre una ventana de oportunidad para quienes se plantan con personalidad al otro lado de la red.
Un Colorado que no se amilana ante nadieEsa personalidad es justamente la principal virtud de Ignacio Buse. A sus cortos 22 años, el tenista nacional demostró de cabo a rabo en esta gira europea sobre arcilla que posee el carácter necesario para enfrentar a la élite mundial sin una pizca de temor. En los Masters 1000 de Madrid y Roma se quedó muy cerca de dar el batacazo ante jugadores consagrados, pero su consagración definitiva llegó en Alemania.
El ATP 500 de Hamburgo significó la confirmación de que Buse está listo para las grandes citas del circuito. En tierras germanas, el peruano desplegó un tenis de altísimo vuelo. En su camino al título, despachó a Flavio Cobolli, quien ostentaba el puesto 12 del mundo. En la gran final, tampoco cedió ante la experiencia del estadounidense Tommy Paul, actual número 26 del ranking y ex Top 20 de la ATP.
Buse llega a París con el ritmo competitivo a tope, la confianza por las nubes y el respaldo de un tenis sólido desde el fondo de la cancha. El duelo ante Rublev se presenta como el reto más importante de su joven carrera, una oportunidad de oro para explotar las flaquezas mentales del ruso y firmar una victoria histórica en su debut absoluto en el cuadro principal de Roland Garros.