Dioses, esfinges y dragones en las paredes de Pompeya: la visión que Mozart nunca pudo olvidar
El descubrimiento del templo de Isis en Pompeya a mediados del siglo...
El descubrimiento del templo de Isis en Pompeya a mediados del siglo XVIII fue un momento decisivo para la Europa ilustrada, integrando arqueología, arte y música en la vida cultural del continente. Este santuario, revelado en 1766, se convirtió en un referente tanto para arquitectos neoclásicos como para figuras de la música, entre ellas Wolfgang Amadeus Mozart, informó la revista de divulgación científica National Geographic.
El templo sorprendió a Mozart tras su visita en 1768, cuando tenía 14 años. El joven compositor quedó fascinado por los frescos egipcios, llenos de símbolos, dioses y escenas fantásticas. Décadas después, esa experiencia se reflejaría en la estética visual de su ópera La flauta mágica.
La excavación del templo, dirigida por ingenieros del rey Fernando IV de Nápoles y documentada por el pintor Pietro Fabris, permitió a la élite europea acceder a frescos de deidades, paisajes del Nilo, papiros y animales. Estos tesoros arqueológicos fueron exhibidos en el Museo Ercolanense, fundado por Carlos VII de Nápoles, espacio fundamental en la difusión del neoclasicismo.
Allí acudió la familia Mozart, integrada por Leopold y su hijo Wolfgang, quienes viajaron a Italia en 1768 y, tras pasar por Roma, recibieron la invitación del embajador británico para recorrer Pompeya, siendo agasajados por el precoz talento musical del joven.
La visita de Mozart a Pompeya y su impacto artísticoDurante su recorrido, Wolfgang Amadeus Mozart se encontró cara a cara con los frescos del templo, que representaban la travesía de la diosa Isis por el Nilo y escenas con dioses y seres fantásticos, como esfinges, dragones y leones. Esta iconografía influyó notablemente en su memoria, asegura la revista de divulgación científica National Geographic.
El recorrido incluyó el Museo Ercolanense, donde Wolfgang conoció objetos y ornamentos hallados bajo las cenizas del Vesubio. La influencia egipcia y la presencia de cultos orientales en Pompeya marcaron toda la trayectoria del compositor, presentes en su obra años después.
El siglo de la Ilustración atribuyó gran valor a estos vestigios, pues su descubrimiento permitió el renacimiento de símbolos, motivos y estéticas utilizadas tanto en las artes visuales como en la música y la escenografía, consolidando así la relación entre antiguos hallazgos y nuevas formas de creación artística y cultural.
La influencia del templo de Isis en La flauta mágica23 años después de aquel viaje a Pompeya, Mozart aceptó la propuesta de Emanuel Schikaneder para componer la música de una ópera con trama egipcia. Su delicada salud y apremios financieros empujaron al compositor a evocar los frescos del templo de Isis como fuente para la escenografía y los vestuarios de La flauta mágica.
Según National Geographic, Mozart se basó en sus recuerdos de los frescos para idear tapices, telas y biombos que adornarían el escenario. Esta elección integró símbolos iniciáticos capaces de resonar entre el público masón y burgués de la Viena de finales del siglo XVIII.
Los personajes —Tamino, la Reina de la Noche, Papageno— emergieron en un ambiente decorado con dioses, papiros y paisajes que remitían a la Pompeya de Isis.
El estreno en Viena en 1791 transformó a La flauta mágica en una obra referencial. La relación entre la escenografía y el legado egipcio fue reconocida tanto por la crítica vienesa como por el público, que identificó la influencia de Pompeya en la obra magna de Mozart.
El legado egipcio en la cultura europeaEl hallazgo del templo de Isis despertó una ola de egiptomanía y un renovado interés por el neoclasicismo en toda Europa. Las artes, la arquitectura y el coleccionismo se impregnaron de elementos egipcios, mientras ciudades y museos competían por exhibir los nuevos tesoros arqueológicos.
La escenografía de La flauta mágica, inspirada en los frescos de Pompeya, reforzó esta tendencia. El Museo Nacional de Nápoles conserva actualmente estos frescos, que atraen a investigadores y visitantes de todo el mundo, y confirman el lugar de Mozart como uno de los artistas que supo transformar el patrimonio arqueológico en arte.