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El niño de Somosierra: cuarenta años de la desaparición más extraña y misteriosa

Sagrario OrtegaMadrid, 25 jun (EFE).- Este jueves se cumplen 40 años de una de las desapariciones más extrañas en España, la de Juan Pedro Martínez Gómez, conocido como el niño de Som...

El niño de Somosierra: cuarenta años de la desaparición más extraña y misteriosa

Sagrario OrtegaMadrid, 25 jun (EFE).- Este jueves se cumplen 40 años de una de las desapariciones más extrañas en España, la de Juan Pedro Martínez Gómez, conocido como el niño de Som...

Sagrario Ortega

Madrid, 25 jun (EFE).- Este jueves se cumplen 40 años de una de las desapariciones más extrañas en España, la de Juan Pedro Martínez Gómez, conocido como el niño de Somosierra. El 25 de junio de 1986 viajaba en un camión a Bilbao con sus padres. Un fatal accidente en la entonces N-I mató a sus progenitores, pero ¿qué pasó con su hijo?.

No hay respuesta o, al menos, no ha podido encontrarse en cuatro décadas de una desaparición misteriosa que, de todos modos, no ha caído en el olvido de los españoles. El niño de Somosierra y el niño pintor de Málaga, que desapareció sin dejar rastro casi un año después, siguen en la memoria de los muchos que, aún pasando tanto tiempo, esperan la resolución de ese misterio.

Varias hipótesis sobre la desaparición de Juan Pedro han circulado en estos años, tantas como líneas de investigación que abrió la Guardia Civil y que tuvo que cerrar sin resultados. Y es que sin el elemento esencial, el cuerpo, ha resultado aún más difícil afrontar el caso.

A Juan Pedro le recordamos vestido de comunión porque esa era la foto que circuló y circula aún cada vez que se habla de él. No había pasado mucho tiempo desde esa instantánea cuando sus padres decidieron viajar juntos desde una pedanía de Fuente Álamo (Murcia) hasta Bilbao.

El padre era camionero y creyó que el transporte de más de 23.000 litros de ácido sulfúrico fumante hasta Bilbao era una buena ocasión para que la familia pasara unos días de vacaciones en el País Vasco.

Harían el recorrido sin prisa, por carreteras que nada tienen que ver con las autovías actuales.

Su última parada fue en Cabanillas de la Sierra (Madrid), donde desayunaron. Probablemente, el camarero de un mesón de esa localidad fue la última persona que vio con vida a la familia, al menos a los padres. Juan Pedro vestía de rojo, pantalón y camiseta de ese mismo color. El camarero así lo recordaba.

El camión cisterna era un Volvo que enfiló la subida del puerto de Somosierra por la N-I, entonces una carretera convencional de un carril por sentido. Circulaba lentamente y así se comprobó en el tacógrafo, que constató paradas de dos o tres segundos, pero también una un tanto sospechosa de 20 segundos.

Y circulaba en un día soleado, con buenas condiciones de visibilidad y con la carretera en buen estado. Sobre la 6:40 horas, y ya bajando por la vertiente segoviana del puerto en sentido Burgos, un fallo en el sistema de frenado puso al vehículo a 110 km/h.

El transportista intentó hacerse con el control. Delante tenía otros tres camiones a los que intentó adelantar por la izquierda, con tan mala suerte que un cuarto circulaba en sentido Madrid y chocó con él, en una colisión que alcanzó a los otros vehículos.

Murió el conductor del Volvo, Andrés Martínez Navarro, de 36 años, y su esposa, Carmen Gómez Legaz, de 34. El primer atestado de la Guardia Civil mencionaba a un tercer ocupante: José Pedro Martínez Gómez, "9 años, desaparecido". La búsqueda del pequeño fue infructuosa. Ni un solo vestigio se halló.

A los agentes, esa desaparición les resultó desde el primero momento más que extraña. Si el ácido que transportaba el camión no había logrado afectar apenas a los cuerpos de los padres, tampoco podía haber desintegrado al pequeño. De todos modos se efectuaron pruebas, pero finalmente esta primera hipótesis fue descartada.

El desánimo cundía entre los investigadores que se hicieron cargo de las pesquisas, y además tampoco podían confiar en las manifestaciones de los testigos porque casi nadie había presenciado el accidente.

Sí pudieron tirar del hilo del testimonio de uno de esos pocos testigos, que había visto en el lugar de suceso una furgoneta blanca, una Nissan Vanette, que paró y de la que se apearon un hombre alto y una mujer que dijo ser enfermera. Alguien aseguró que eran alemanes.

¿Y si el niño estaba vivo y decidieron llevárselo? No podía descartarse esta hipótesis.

Así que la Guardia Civil investigó más de 3.000 furgonetas de esa marca y de color blanco que lograron localizar en ese momento en España. No se obtuvo resultados porque, además, ningún testigo recordaba la matrícula y en esa época la DGT aún no había instalado cámaras en las carreteras.

Hay quien cree que esa pareja de alemanes aprovechó el momento de confusión y se llevó al pequeño, quizá fuera de España. En ese caso, Juan Pedro podría estar hoy vivo.

Hubo otra línea de los investigadores a la que la familia de Juan Pedro se aferró durante mucho tiempo. No descartaban los allegados del pequeño desaparecido que algún narcotraficante se lo llevara como forma de presión a su padre para que les transportara droga.

Así que la Guardia Civil se puso a trabajar sobre esa hipótesis y analizó, como quería la familia, unos trapos encontrados en el interior de la cisterna, embebidos de una sustancia que en los laboratorios de Murcia dio positivo a la heroína.

No obstante, un estudio más exhaustivo y completo realizado en el Instituto Nacional de Toxicología arrojó un resultado negativo.

Como hace un tiempo recordaron a EFE los investigadores, esta tercera hipótesis no les cuadraba mucho. No había denuncias similares de camioneros presionados para transportar droga. Además, en aquel tiempo hubiera sido más probable introducir la droga en un camión que se dirigiera a Francia y no a Bilbao.

De todos modos, en los 20 segundos de la parada más larga que detectó el tacógrafo no daría tiempo a raptar al niño e introducir la droga en el camión sin que, además, los padres mostraran una oposición visible y frontal, incluidos gritos y llamadas de socorro.

Muchos años más tarde los avances en la identificación por ADN abrieron una puerta a la esperanza en el caso del niño de Somosierra. En 2008 la abuela de Juan Pedro accedió de forma voluntaria a entregar una muestra de su ADN.

En 2015 el programa Fénix, ideado por la Universidad de Granada y la Guardia Civil, detectó coincidencias genéticas del ADN de la abuela con unos restos humanos hallados en Guadalajara. Pero finalmente, la proporción de marcadores coincidentes no era suficiente y la pista quedó descartada.

Ni la familia ni la Guardia Civil se desanimaron y en junio de 2015 pidieron al juzgado que instruyó las diligencias del caso poder exhumar los cadáveres de los padres y tomar unas pequeñas muestras para la obtención de perfiles genéticos. No accedió.

Como tampoco semanas más tarde, cuando los agentes presentaron en el juzgado el consentimiento firmado por tres tíos del niño de la rama materna y paterna para que se exhumaran los cadáveres.

Un caso cerrado para la Justicia y abierto para la familia. ¿Y si Juan Pedro está vivo? EFE

so/ros

(Recursos de archivo en EFEServicios 8021970088, 8011607240)

Fuente: https://www.infobae.com/espana/agencias/2026/06/25/el-nino-de-somosierra-cuarenta-anos-de-la-desaparicion-mas-extrana-y-misteriosa/

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