El químico que devora a la juventud cubana: una droga más barata que la comida, familias rotas y una casa de rescate que cuenta los días
Cuba atraviesa un aumento del consumo de drogas sintéticas entre adolescentes y jóvenes, un fenómeno asociado a sustancias baratas y de composición incierta, en un país marcado por la crisis e...
Cuba atraviesa un aumento del consumo de drogas sintéticas entre adolescentes y jóvenes, un fenómeno asociado a sustancias baratas y de composición incierta, en un país marcado por la crisis económica, la emigración familiar y la falta de perspectivas. La situación ha llevado a que personas en rehabilitación cuenten los días sin consumir, según Diario de Cuba.
El consumo posterior a la pandemia creció 200% respecto del período prepandémico, afirmó en junio el toxicólogo Alejandro Mestre Barroso. El grupo con mayor incidencia está integrado por personas de 14 a 25 años.
Durante 2024, el Centro Nacional de Toxicología registró 600 casos vinculados con drogas, y más del 90 % correspondió a sustancias sintéticas. Mestre Barroso advirtió que esos registros solo muestran una parte de la dimensión real del problema.
Las redes sociales han difundido escenas de jóvenes desorientados, inconscientes o sin poder mantenerse de pie. Muchas de esas situaciones se asocian al llamado químico o papelito, una droga sintética cuya composición puede cambiar según quien la produzca o distribuya.
Una dosis podía costar entre 150 y 200 pesos cubanos durante la grabación del video, menos que algunos alimentos básicos. Su bajo precio y facilidad de acceso se suman a la presión de grupo, los conflictos familiares, la ansiedad y la búsqueda de evasión como factores mencionados por especialistas y personas afectadas.
Sustancias sin control y riesgos para quienes consumenDurante años, el debate sobre drogas en Cuba estuvo centrado en la marihuana, la cocaína o ciertos medicamentos. La preocupación actual se concentra en compuestos sintéticos que pueden contener derivados cannabinoides, sustancias vinculadas con la marihuana, el hachís o el tetrahidrocannabinol, el principio activo de esas plantas.
El médico especializado en adicciones Emilio Arteaga explicó que la producción ilegal y sin controles permite que los componentes varíen incluso entre distribuidores. Además de cannabinoides, esas mezclas pueden incluir pegamentos, fertilizantes, fármacos y psicofármacos como clonazepam, diazepam o medicamentos antipsicóticos.
La incertidumbre sobre lo que contiene cada dosis agrava los riesgos para quienes consumen. Una persona puede comprar una sustancia sin saber con precisión qué compuestos ingerirá ni qué efectos tendrá la combinación.
La expansión de estas drogas ocurre en medio de apagones prolongados, dificultades para obtener alimentos, familias separadas por la emigración y escasas perspectivas profesionales para numerosos jóvenes. Esas condiciones forman parte del entorno señalado alrededor de las adicciones.
Una casa de rescate ante el avance del químicoEn La Habana, una casa de rescate de orientación cristiana recibe a hombres con problemas de consumo y conducta. El centro ofrece medicamentos, alimentos, productos de higiene, ropa, calzado y acompañamiento espiritual sin cobrar por la asistencia.
El director del espacio definió su objetivo de esta manera: “La casa de rescate sencillamente es un ministerio cristiano enfocado en ayudar y a rehabilitar a personas con problemas de adicciones y personas con problemas de conducta”.
Desde su apertura, el lugar recibió adolescentes y jóvenes con consumos de alcohol, piedra, químico, papelito, marihuana y otras sustancias. Sin embargo, el químico se convirtió en la principal causa de llegada al programa Transformando Vidas.
Dos años después de la apertura, entre 90 % y 95 % de los jóvenes que llegan al centro presentan adicción al químico o al papelito, de acuerdo con las estadísticas citadas por su director. En el último mes, el papelito comenzó a circular también en un soporte plástico de colores.
El proceso de rehabilitación requiere recursos para sostener a cada residente durante al menos tres meses. “Un adicto necesita medicamentos, necesita alimentos, necesita aseo, porque viene de la calle”, afirmó el responsable del espacio, quien sostuvo que el país no cuenta con la infraestructura necesaria para atender ese trabajo de manera suficiente.
La propuesta del centro es que las autoridades otorguen más espacio y libertades de funcionamiento a iniciativas de rehabilitación de este tipo. El director consideró que esos proyectos, financiados por sus propios impulsores, podrían ampliar su alcance si recibieran apoyo estatal.
La respuesta oficial combina prevención, atención de salud mental y persecución del tráfico. Existen centros de deshabituación, acciones preventivas en escuelas y comunidades, y desde 2025 funciona un observatorio nacional de drogas.
La política estatal mantiene el principio de tolerancia cero e incluye redadas, detenciones, operativos territoriales, juicios ejemplarizantes y condenas severas por delitos relacionados con drogas. Mientras tanto, algunas personas que ingresaron a programas de recuperación contabilizan 22, 30, 40 o 48 días sin consumir.