El sitio arqueológico de Veracruz que es uno de los más bastos y representó un papel crucial durante la conquista
Quiahuiztlan,...
Quiahuiztlan, el asentamiento totonaco donde se selló la alianza que cambió el rumbo de la conquista de México, conserva entre sus estructuras funerarias y sus vistas al Golfo uno de los registros arqueológicos más completos del Posclásico veracruzano.
A las faldas del cerro Bernal —conocido también como cerro de los Metates por la gran cantidad de esos vestigios desenterrados en el lugar— yace este sitio en el municipio de Actopan, Veracruz, a 30 kilómetros al norte de Cempoala. Su nombre proviene del náhuatl: quiahuitl (lluvia) y tlan (lugar donde algo abunda), es decir, “el lugar donde abunda la lluvia”.
Ciudad, fortaleza y necrópolis de hasta 16 mil habitantesQuiahuiztlan funcionó simultáneamente como núcleo urbano, punto defensivo y cementerio. Los especialistas estiman que al momento de la llegada de los españoles albergaba entre 15,000 y 16,000 pobladores.
Su ocupación se inició en el periodo Epiclásico, cuando los asentamientos totonacas perdieron fuerza tras la decadencia de Teotihuacán. Sus habitantes adecuaron las laderas del cerro Bernal con terrazas que cumplían una doble función: contener la tierra acumulada en las colinas y actuar como muros defensivos frente a posibles invasores.
El sitio contaba con tierras aptas para el cultivo, montes que proveían madera y fauna para la caza. La población se concentró en las zonas sur, poniente y norte del cerro, donde también se erigieron las construcciones religiosas, civiles y funerarias.
Dos invasiones antes de la conquista españolaEl asentamiento sufrió dos invasiones durante el Posclásico. La primera ocurrió hacia el año 800, cuando la presencia tolteca dejó su huella en una estructura subyacente del Cementerio Oriental y en las subestructuras de los edificios mayores.
La técnica constructiva tolteca se distingue por el uso de piedras pequeñas, bien labradas en forma de prisma rectangular, cubiertas con estuco de gran dureza. La segunda invasión la protagonizaron los mexicas a principios del siglo XV, y a ese periodo corresponde la cubierta principal de los edificios y los cementerios con mausoleos que hoy caracterizan al sitio.
Bajo dominio azteca, los totonacos pagaban tributos en grano, entregaban jóvenes para los sacrificios y soportaban un férreo control militar. Esa presión fue determinante para que buscaran aliarse con los recién llegados europeos.
La alianza que torció el destino del imperio tenochcaFue precisamente en Quiahuiztlan donde los totonacos —representando a 30 pueblos— concertaron una alianza con Hernán Cortés para enfrentar al imperio mexica. El acuerdo convirtió al asentamiento en un punto de inflexión de la conquista española.
Desde sus alturas, el sitio ofrece una vista directa sobre la planicie costera de la antigua Villa Rica, el lugar donde, según crónicas históricas, el conquistador mandó hundir sus naves hace poco más de 500 años. Durante la travesía de Cortés, en esa misma planicie se edificó una iglesia y un recinto fortificado al que se denominó Villa Rica de la Vera Cruz, considerado el primer emplazamiento hispano en México.
Según los datos arqueológicos, la ciudad fue abandonada durante la conquista y luego repoblada por tribus nómadas.
Un cementerio con 78 tumbas distribuidas en tres gruposLo que distingue a Quiahuiztlan de otros yacimientos mesoamericanos es su arquitectura funeraria. Las excavaciones han documentado 78 tumbas distribuidas en tres cementerios principales.
El cementerio central reúne 36 tumbas ordenadas en dos hileras irregulares, separadas por un muro de contención; incluye dos tumbas de entierros primarios y 32 de entierros secundarios. El cementerio oriental agrupa 28 tumbas en hileras sin orden aparente, construido sobre una estructura que data del año 800. El cementerio norte suma 24 tumbas en dos hileras —una por el este y otra por el norte— y ofrece la vista al mar más amplia del conjunto.
Cada sepulcro se construyó con lajas de estuco de arena y cal obtenida de la cocción de conchas y moluscos. Los elementos básicos de cada tumba son: un basamento, la cámara funeraria, el adoratorio, un techo y una escalinata. Algunos investigadores señalan que el hueco característico de estas estructuras fue diseñado para el tránsito de las almas de los ancestros.
Plazas, pirámides y un juego de pelotaMás allá de los cementerios, el sitio incluye plazas, terrazas, escalinatas y muros que evidencian su carácter urbano. En la Plaza Central destaca la Pirámide 1, cuya fachada mira al sur hacia el peñón, y la Pirámide 2, orientada al poniente, con una piedra incrustada en la cúspide al estilo mexica que le valió el nombre de “pirámide de los sacrificios”.
La Plaza Oriental, ubicada 100 escalones más abajo, constituía el área civil de gobierno y justicia. Allí sobresale un edificio dividido por un pasillo estrecho, conocido como “Los Gemelos”, que se asocia a los dioses mexicas Tláloc y Huitzilopochtli. El juego de pelota, de forma de “I” y con graderías a los lados, completa el conjunto.
La estructura llamada Coatepantli, por su ubicación en el extremo de una terraza con amplia visibilidad, se interpreta como un punto de vigía.
Cómo visitar QuiahuiztlanEl sitio está bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y cuenta con guías locales y estacionamiento. El acceso se realiza desde la ciudad de Veracruz por la Carretera Costera Cardel-Nautla (federal 180), hasta la desviación Farallón-Tinajitas que conduce al poblado de Los Metates. La desviación se ubica justo frente a la entrada principal a la playa Villa Rica.
El horario de visita es de martes a sábado, de 10:00 a 15:30 horas. La entrada cuesta $70 pesos por persona. El contacto con el Centro INAH Veracruz es a través del correo cinah_veracruz@inah.gob.mx o los teléfonos +52 (229) 934 5282 y (229) 939 1330.
Para quienes buscan extender la visita, el cerro Bernal también se utiliza para la práctica de escalada en roca, con rutas de nivel 5.6 a 5.8, reequipadas en los primeros años del siglo XXI por el grupo CEMAC Veracruz. A pocos metros del sitio se encuentra la playa Villa Rica y sus pequeños acantilados frente al Golfo de México.