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Ethel Pozo confiesa que ser hija de Gisela Valcárcel es una “mochila bastante pesada”

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Ethel Pozo confiesa que ser hija de Gisela Valcárcel es una “mochila bastante pesada”

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Ethel Pozo se permitió una confesión íntima en una conversación con Magaly Medina para su podcast: crecer como hija de Gisela Valcárcel, uno de los rostros más reconocidos de la televisión peruana, fue durante años una “mochila bastante pesada”. No por falta de amor ni por carencias en casa, sino por el peso simbólico de llevar un apellido que, para el público, es sinónimo de historia televisiva.

En ese diálogo, Pozo habló de la tensión entre la figura pública que todos creen conocer y la mujer que ella vio puertas adentro: una mamá que trabajaba, que corregía tareas, que se hacía tiempo para estar con su hija, incluso en temporadas de jornadas intensas. Y, sobre todo, una presencia cotidiana que chocaba con la mirada insistente de la calle, las fotos, las interrupciones y la curiosidad constante.

“Es una mochila bastante pesada”: el peso de un apellido mediático

Ethel Pozo lo resumió con una frase directa, sin rodeos, cuando Magaly Medina la llevó al terreno de lo personal.

“Es una mochila bastante pesada porque mi madre es un ícono de la televisión, tu hijo también diría lo mismo, pero yo creo que en el hogar, en la casa, y siempre lo he comentado, yo la veía no como el rol de la televisión, sino como mi madre”.

Medina recogió el punto y lo amplificó: “Eso es lo que mucha gente no entiende”. Y allí Pozo insistió en una idea que atraviesa toda su reflexión: el personaje televisivo y la madre no eran, para ella, la misma experiencia.

“Esa Gisela que tú veías no era la Gisela que entraba a mi casa, la que me corregía las tareas, la que estaba conmigo el fin de semana. Es mi mamá, yo no la puedo ver como la figura de la televisión. Entonces, viéndola de ese lado, ha sido maravilloso, ha sido una madre como cualquier otra”.

La Gisela de la casa: tareas, fines de semana y rutina familiar

En su relato, Pozo dejó claro que el hogar fue un territorio distinto al de la fama. Mientras afuera había flashes y comentarios, adentro existía una dinámica familiar en la que la televisión quedaba en segundo plano.

“De chiquita me preguntaban: «¿Pero cómo se siente?», le digo: «¿Tu, tu mamá a qué se dedica?». Me digan: «¿Qué? ¿Qué es? Porque debe sentir algo». Es lo mismo, yo la siento mi mamá, no la siento la figura de la televisión”.

Medina ilustró esa intimidad con una imagen doméstica: “Claro, es la mujer que a la que tú ves con ruleros, a la que ves despertarse”. Pozo le siguió el juego con humor: “Ah, la que la despertaba”.

La escena sirvió para aterrizar una idea: para Pozo, la fama era un fenómeno externo; lo interno era lo que definía el vínculo.

El ritual del pollo a la brasa

La conversación tomó un tono más cotidiano cuando ambas se instalaron en recuerdos simples: pedir comida, insistir con un antojo, despertar a la mamá un fin de semana.

Medina lo planteó como una postal universal, más allá del estatus: “Claro, a la que le dices: «Mamá, por favor, que me provoca un postre, por favor, que quiero una comida»”.

Pozo respondió: “Exacto. De chiquita, en las épocas, de full trabajo, no sé si ya estaba en ‘Aló Gisela’ o todavía era vedette, yo la levantaba el fin de semana para que me llevara al rancho a comer pollo a la brasa”.

Medina completó la idea, marcando el contraste entre el cansancio y la maternidad: “Y no le interesaba si ella se hubiera acostado a las cuatro de la mañana”.

Pozo lo confirmó sin culpas, desde la lógica de una niña: “Nada, ni me interesaba, yo quería que se levante porque era el fin de semana. Sí, y al final me decía cansadísima y todo: «Ya vamos a comer el pollo a la brasa»”.

Ahí, Pozo puso el acento en lo esencial: “Para mí era eso, ¿no?”. No el ícono, no el set, no la leyenda: la mamá.

La calle, las fotos y el momento en que entendió la fama

Ethel también recordó el momento en que la notoriedad se volvió evidente: cuando siendo niña caminaba con su madre y no entendía por qué la gente se acercaba, pedía fotos o interrumpía conversaciones.

“Y claro, recuerdo de pequeña estar caminando en algún centro comercial y preguntarle por qué te toman tantas fotos o por qué nos interrumpen, ¿no? Cuando estamos hablando”.

La respuesta de Valcárcel, según relató Pozo, fue una explicación simple sobre el afecto del público: “Cuando eres chiquita, claro, hasta que me dijo: «A ver, yo salgo, la gente me conoce, es el cariño de la gente»”.

Y desde entonces, dijo, se acostumbró: “Y ya de ahí, ya el resto es historia, acostumbradísima. Pero siempre ha sido mi mamá, aunque cueste trabajo para las personas, una persona muy común para mí, porque no la veo como la figura”.

Fuente: https://www.infobae.com/peru/2026/08/22/ethel-pozo-confiesa-que-ser-hija-de-gisela-valcarcel-es-una-mochila-bastante-pesada/

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