Fuerte caída del euro en Colombia sorprendió al mercado cambiario: así terminó la jornada del 22 de mayo
El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 22 de mayo de 2026 en un promedio de $4.253,06, lo que representó una caída de $38,12 frente al día anterior, equivalente a una variación di...
El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 22 de mayo de 2026 en un promedio de $4.253,06, lo que representó una caída de $38,12 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,89. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.287,52 y un mínimo de $4.268,89, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
En la última semana, el euro ha registrado un descenso del 3,2%, mientras que su variación interanual muestra una caída del 12,25%.
El tipo de cambio del euro a peso colombiano ha mostrado una tendencia negativa durante los últimos tres días, reflejando una presión a la baja en su valor. La volatilidad actual se sitúa en 14,03%, inferior a la volatilidad de referencia del 16,48%, lo que sugiere una fase de relativa estabilidad en el mercado cambiario.
Análisis del mercadoLa evolución reciente del Euro refleja una economía europea atrapada entre el bajo crecimiento y una inflación que continúa resistiéndose a descender con rapidez. Aunque algunos indicadores empresariales mostraron leves mejoras en Alemania y Francia, el deterioro de la actividad productiva y las persistentes tensiones energéticas siguen limitando la capacidad de recuperación de la región y elevando la presión sobre el Banco Central Europeo.
La inflación de la Eurozona permanece alrededor del 3%, pero las proyecciones derivadas de los indicadores PMI sugieren que podría acercarse nuevamente al 4% si los costos energéticos continúan aumentando. El problema central para Europa es que esta presión sobre los precios coincide con señales cada vez más claras de desaceleración económica. Durante mayo, los índices de actividad de S&P Global reflejaron una contracción inesperada, especialmente en servicios, alimentando los temores de un escenario de estanflación que combine crecimiento débil con inflación persistente.
A pesar de este entorno adverso, el BCE sigue evaluando nuevas alzas de tasas para contener las presiones inflacionarias. El crecimiento salarial negociado se moderó hasta 2,5% en el primer trimestre de 2026 y el PIB apenas avanzó 0,3%, pero los responsables monetarios consideran que los riesgos inflacionarios todavía superan los riesgos asociados a la desaceleración económica. Esa visión mantiene relativamente firme al euro frente a otras monedas, aunque el mercado continúa mostrando cautela sobre las perspectivas del bloque.
Dentro de Europa, Alemania comenzó a entregar señales algo más favorables. El índice Ifo de confianza empresarial mejoró hasta 84,9 puntos y el indicador GfK de consumo mostró una leve recuperación para junio. Francia también reportó un mejor desempeño del clima manufacturero. Sin embargo, estos avances aún resultan insuficientes para compensar el deterioro general de la demanda y el impacto que los elevados costos energéticos siguen generando sobre hogares y empresas.
En Estados Unidos, el mercado mantiene la atención puesta sobre la Reserva Federal y sobre la posibilidad de nuevas subidas de tasas hacia finales de año. Las expectativas de inflación continúan elevadas y varios miembros de la Fed dejaron abierta la opción de endurecer nuevamente la política monetaria si la inflación supera el objetivo del 2%. Actualmente, las probabilidades de un incremento en diciembre ya oscilan entre 40% y 50%, situación que sostiene elevados los rendimientos de los bonos del Tesoro y mantiene cierto respaldo estructural para el dólar.
Al mismo tiempo, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán continúan generando incertidumbre energética global. Los desacuerdos sobre las reservas de uranio iraní y sobre el control estratégico del estrecho de Ormuz impiden una normalización completa del mercado petrolero, lo que mantiene latentes los riesgos inflacionarios internacionales.
Para el peso colombiano, el panorama interno tampoco ofrece demasiados elementos de tranquilidad. Aunque la economía colombiana registró un crecimiento de 2,2% en el primer trimestre, buena parte de esa expansión estuvo impulsada por el gasto público, mientras la inversión privada cayó 3%. Ese desequilibrio genera dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento en el mediano plazo.
Las preocupaciones aumentan además por el frente energético. Expertos advierten que un déficit de energía firme podría restarle hasta 1,7 puntos porcentuales al PIB colombiano, obligando a ejecutar inversiones privadas por hasta $13 billones para evitar problemas de abastecimiento. A esto se suma un ambiente político cada vez más polarizado de cara a las elecciones presidenciales de 2026, con encuestas divididas entre Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.