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Incendios forestales de Boyacá: restaurar un bosque quemado puede tardar décadas y no se soluciona con plantar árboles, según especialista ambiental

Boyacá registra dos incendios forestales activos en Firavitoba y Villa de Leyva, con corte al 23 de septiembre de 2026, mientras el fuego que se extendió desde el cerro San Marcos hacia Chíquiza...

Incendios forestales de Boyacá: restaurar un bosque quemado puede tardar décadas y no se soluciona con plantar árboles, según especialista ambiental

Boyacá registra dos incendios forestales activos en Firavitoba y Villa de Leyva, con corte al 23 de septiembre de 2026, mientras el fuego que se extendió desde el cerro San Marcos hacia Chíquiza...

Boyacá registra dos incendios forestales activos en Firavitoba y Villa de Leyva, con corte al 23 de septiembre de 2026, mientras el fuego que se extendió desde el cerro San Marcos hacia Chíquiza y el Santuario de Fauna y Flora Iguaque alcanzó el 90% de control tras cinco días de emergencia.

La afectación preliminar abarca cerca de 1.340 hectáreas y obliga a mantener operaciones terrestres y aéreas en sectores de difícil acceso, donde los equipos concentran sus esfuerzos para extinguir los focos aún activos. El Puesto de Mando Unificado (PMU) informó que las capacidades aéreas y terrestres siguen desplegadas en la zona.

La recuperación del bosque, un proceso que puede tomar décadas

La vegetación afectada no se recuperará cuando vuelvan las lluvias, debido a que el tiempo de regeneración depende de la intensidad y duración del fuego, la profundidad del daño en el suelo, el tipo y la edad de las especies presentes, así como de la supervivencia de semillas, raíces y microorganismos capaces de reiniciar el proceso ecológico.

La vegetación herbácea puede reaparecer con relativa rapidez en algunos sectores, pero la restitución de un bosque con árboles maduros y todas sus funciones ecológicas puede requerir décadas.

Así lo explicó la directora del programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, Martha Melizza Ordoñez, que advirtió que la prioridad no debe ser calcular cuántos árboles se sembrarán, sino establecer qué capacidad de recuperación natural conserva cada área y dónde hace falta intervenir.

La experta explicó que el fuego también altera el suelo bajo la capa orgánica superficial. Al desaparecer la cobertura vegetal, la tierra queda expuesta al viento y al agua, pierde capacidad de infiltrar humedad y puede continuar degradándose después de que las llamas se extinguen.

El riesgo aumenta en las laderas. Las lluvias intensas y los vientos pueden arrastrar cenizas, sedimentos y nutrientes hacia quebradas, fuentes superficiales y aguas subterráneas, con consecuencias sobre la calidad del agua y la estabilidad de los terrenos.

Ordoñez indicó que las medidas de manejo del suelo deben comenzar desde el control de la emergencia, sin esperar la primera precipitación. Esa intervención busca limitar la pérdida de terreno, proteger las fuentes hídricas y reducir la presencia de partículas que pueden persistir en el aire.

Cenizas, agua y efectos más allá de la zona quemada

El impacto ambiental continúa cuando el fuego se apaga porque las cenizas y los sedimentos depositados en el terreno pueden movilizarse con la lluvia. Al llegar a las corrientes de agua, aumentan la turbidez, modifican las concentraciones de nutrientes y materia orgánica y pueden provocar eutrofización, un exceso de nutrientes que deteriora el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.

La afectación puede comprometer las quebradas, los nacimientos, las aguas subterráneas y los suministros consumidos por la población. También puede perjudicar las actividades agropecuarias que dependen de esas fuentes, por lo que el seguimiento debe abarcar la calidad del agua en toda el área de influencia.

La especialista explicó que el suelo, el agua y la vegetación forman un sistema interdependiente: lo ocurrido en una ladera o en la cobertura de un bosque puede repercutir aguas abajo sobre la población, la fauna y la flora. Por esa conexión, las consecuencias del incendio no se limitan a Villa de Leyva y alcanzan una escala regional.

“Respecto al cambio climático y la relación pues con los incendios, efectivamente un incendio necesita combustible, o una fuente de de ignición y condiciones que permitan que el fuego se propague. Y es ahí cuando entonces las altas temperaturas, la baja humedad, la vegetación seca, los fuertes vientos y esa baja concentración de lluvia, hace finalmente que ese ese ecosistema y que esa zona sea susceptible a incendiarse, facilitando además también la propagación de del fuego”, explicó.

Sin embargo, esas condiciones no significan que todos los incendios sean causados por el cambio climático. La actividad humana puede estar directamente vinculada con el inicio del fuego, mientras el estado de sequedad de la vegetación favorece su propagación.

La restauración más allá de la siembra de árboles

La primera etapa posterior al control del incendio debe determinar qué ocurrió en el territorio: cuáles zonas soportaron mayor intensidad de fuego, qué daños sufrió el suelo, qué especies de fauna y flora sobrevivieron, en qué condiciones quedaron las pendientes y cuál es el estado de las fuentes de agua.

Esa evaluación permite definir dónde el ecosistema puede regenerarse por sí mismo y en qué lugares se requieren especies nativas, estabilización del terreno y cuidado de la vegetación que aún permanece.

“Restaurar no significa simplemente plantar árboles, restaurar significa recuperar las condiciones y funciones del ecosistema”, señaló Ordoñez. La meta es restablecer el funcionamiento del sistema natural, no solo recuperar rápidamente un paisaje verde.

Cabe mencionar que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) plantea el monitoreo de las áreas restauradas mediante sensores remotos para medir la ganancia de cobertura vegetal y evaluar la efectividad y persistencia de las intervenciones. Una jornada de siembra sin mantenimiento posterior puede fracasar si los árboles mueren en los primeros dos o tres meses, según la experta.

Así también, la docente indicó que este tipo de emergencias puede presentarse con mayor frecuencia e intensidad, por lo que la prevención requiere gestión del territorio, cultura ambiental y formación de profesionales capaces de comprender sus dimensiones económicas, sociales y ecológicas.

Fuente: https://www.infobae.com/colombia/2026/09/24/incendios-forestales-de-boyaca-restaurar-un-bosque-quemado-puede-tardar-decadas-y-no-se-soluciona-con-plantar-arboles-segun-especialista-ambiental/

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