Israel acusó a Siria de poner en riesgo su seguridad al permitir la presencia militar de Turquía en una base cerca de Alepo
Israel acusó este martes a Siria de violar el acuerdo de seguridad entre ambos países al permitir el posible despliegue de tropas turcas en una base aérea situada en el noroeste del territorio s...
Israel acusó este martes a Siria de violar el acuerdo de seguridad entre ambos países al permitir el posible despliegue de tropas turcas en una base aérea situada en el noroeste del territorio sirio. El Gobierno de Benjamin Netanyahu sostuvo que había advertido previamente a Damasco que la presencia militar de Ankara en esas instalaciones, cerca de Alepo, representaría una amenaza para la seguridad de Israel, pero que las autoridades sirias decidieron ignorar esas advertencias.
La posición israelí fue expuesta por la oficina del primer ministro después de varias horas sin una confirmación oficial sobre la responsabilidad por los bombardeos. Según el comunicado, existe entre Israel y Siria un entendimiento denominado “status quo” en materia de seguridad, cuya preservación considera fundamental para evitar nuevas amenazas en su contra.
“Israel y Siria acordaron un status quo en materia de seguridad, que Siria estuvo a punto de romper al permitir que tropas turcas se desplegaran en una base aérea cerca de Alepo”, señaló la oficina de Netanyahu.
El Gobierno israelí sostuvo además que había comunicado en varias ocasiones su rechazo a ese posible despliegue. “Israel advirtió repetidamente a Siria que dicho despliegue supondría una amenaza para la seguridad de Israel. Siria decidió ignorar estas advertencias”, afirmó el comunicado.
El objetivo de la operación fue un aeródromo ubicado en el noroeste sirio, en las proximidades de Idlib. Los ataques provocaron daños en la infraestructura de la instalación, pero no se informó de víctimas como consecuencia de la ofensiva.
La base llevaba fuera de servicio desde 2012 y se encontraba bajo protección del Ministerio de Defensa sirio. La posibilidad de reactivarla cobró fuerza después de una visita de una delegación militar turca en los últimos días, en el marco de conversaciones relacionadas con el futuro uso de las instalaciones.
La operación amplió la tensión entre Israel y Turquía en un escenario regional especialmente complejo. Aunque ambos países establecieron relaciones diplomáticas hace décadas, sus vínculos se deterioraron considerablemente durante los últimos años, en particular debido a las posiciones del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, frente a las acciones militares israelíes en Gaza.
El episodio también generó una reacción crítica desde Washington. Tom Barrack, enviado estadounidense para Siria, cuestionó públicamente la decisión israelí y la describió como “una escalada innecesaria”. La declaración tuvo especial relevancia porque Estados Unidos mantiene una estrecha relación con Israel y habitualmente respalda su derecho a actuar frente a amenazas que considere vinculadas con su seguridad.
Damasco, por su parte, responsabilizó directamente a Israel por el ataque y reclamó una respuesta internacional. El Gobierno sirio pidió al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condenara la operación y adoptara medidas frente a lo que calificó como violaciones de su soberanía.
Israel respondió reafirmando que no permitirá movimientos que, desde su perspectiva, puedan convertirse en un riesgo militar. La oficina de Netanyahu instó además a Siria a regresar al “status quo” establecido en materia de seguridad.
El ataque se produjo en un contexto en el que Israel ha realizado numerosas operaciones militares dentro de territorio sirio desde la caída del régimen de Bashar al Assad a finales de 2024. Sin embargo, la instalación atacada se encontraba lejos de la zona del sur de Siria donde Israel mantiene una franja que considera necesaria para su seguridad. La incorporación potencial de fuerzas turcas en el noroeste introdujo así un nuevo elemento de tensión entre los actores que buscan ampliar su influencia militar en el territorio sirio.