La Universidad Centroamericana de Nicaragua sigue viva en la memoria de exalumnos
Tres años después de la confiscación, la Universidad Centroamericana (UCA) de Nicaragua sigue presente en la memoria y en el trabajo de exalumnos y antiguos colaboradores, según recogió el por...
Tres años después de la confiscación, la Universidad Centroamericana (UCA) de Nicaragua sigue presente en la memoria y en el trabajo de exalumnos y antiguos colaboradores, según recogió el portal oficial de Jesuitas Centroamérica.
El 15 de agosto de 2023, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó su confiscación y puso fin a casi seis décadas de labor educativa y crítica social.
Según el testimonio de Diego, nombre ficticio utilizado para resguardar la identidad del exestudiante entrevistado por Jesuitas Centroamérica, la UCA representó mucho más que una institución educativa tradicional.
“Era una voz democratizadora en la vida del país”, recordó, al señalar la influencia que tuvo la universidad en la formación de generaciones críticas frente a regímenes autoritarios, como el de la familia Somoza y, posteriormente, la administración de Daniel Ortega.
La UCA se distanció de las dictaduras y mantuvo una postura crítica, incluso cuando algunos de sus miembros participaron en procesos revolucionarios que transformaron la realidad política de Nicaragua.
La contribución de la UCA también trascendió el ámbito político. Durante los años noventa y la primera década de los 2000, la universidad promovió la inclusión de voces tradicionalmente excluidas del debate público, desafió las políticas neoliberales y defendió a los sectores más vulnerables. Las movilizaciones estudiantiles de 2018, que surgieron como respuesta a la reforma a la seguridad social, tuvieron un punto de partida en la UCA.
El campus como refugio y punto de partida“Las protestas comenzaron de manera pacífica”, relató Diego. “Recuerdo la noche del 18 de abril de 2018, refugiándonos en el campus mientras miembros de la Juventud Sandinista arrojaban piedras y rompían vidrios. Sentí que estaban violando algo sagrado: la autonomía universitaria”. Ese episodio marcó el inicio de una crisis nacional y anticipó la confiscación de la universidad.
Entre las instituciones que dejaron una huella profunda destacan tres: la revista Envío, el Instituto de Educación de la UCA (IDEUCA) y el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA). La revista Envío funcionó como un espacio de análisis sociopolítico y cultural, donde se documentaron procesos y advertencias sobre el devenir del país. IDEUCA, por su parte, impulsó investigaciones sobre educación integral y promovió la formación de profesionales con visión crítica.
El IHNCA se consolidó como un repositorio de investigaciones históricas fundamentales para Centroamérica y generó insumos valorados por académicos de diferentes latitudes, según testimonios recogidos por Jesuitas Centroamérica.
El legado que persiste fuera de sus murosLa vida cotidiana en la UCA también dejó recuerdos importantes. Los almuerzos, las discusiones después de clase y las amistades construidas entre estudiantes de distintas regiones de Nicaragua forman parte del legado intangible de la universidad. “Era un espacio de convivencia profunda y análisis, donde se rompían burbujas y se tejían redes que hoy subsisten”, relató el entrevistado.
A pesar de la confiscación y del exilio de buena parte de su personal, la comunidad que conformó la UCA busca mantener vivo su espíritu. “La universidad sobrevive en las catacumbas”, afirmó Diego, al aludir a la experiencia histórica de la Compañía de Jesús tras su supresión en el siglo XVIII. “Muchos seguimos activos, investigando y enseñando en otros países, llevando con nosotros el legado de la UCA”.
De acuerdo con Jesuitas Centroamérica, la confiscación de la UCA supuso la pérdida de archivos, centros de investigación y espacios de encuentro intelectual, pero su impacto persiste en el trabajo y la memoria de quienes pasaron por sus aulas.