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Lágrimas, abrazos, el orgullo de Ignacio Buse al gritar ¡Viva Perú! y hacer historia como campeón del ATP 500 Hamburgo

Llegó a Hamburgo con una maleta, una raqueta y algo que no figura en ningún ranking: la certeza de que esta semana iba a ser diferente. ...

Lágrimas, abrazos, el orgullo de Ignacio Buse al gritar ¡Viva Perú! y hacer historia como campeón del ATP 500 Hamburgo

Llegó a Hamburgo con una maleta, una raqueta y algo que no figura en ningún ranking: la certeza de que esta semana iba a ser diferente. ...

Llegó a Hamburgo con una maleta, una raqueta y algo que no figura en ningún ranking: la certeza de que esta semana iba a ser diferente. Ignacio Buse aterrizó en el Rothenbaum Tennis Center el sábado 16 de mayo como clasificador, uno de los 16 jugadores que intentan colarse al cuadro principal por la puerta más angosta del Bitpanda Hamburg Open. Pero algo en su cabeza ya funcionaba distinto. “He estado trabajando muy bien estas últimas semanas”, diría días después. “Solo tenía que creer en mí mismo”. Y eso, exactamente eso, fue lo que hizo.

No llegó a Hamburgo a sobrevivir. Llegó a ganar. Esa convicción, silenciosa pero firme, se tradujo desde el primer partido en un tenis sin fisuras: 6-2 y 6-0 ante Niels McDonald, 6-1 y 6-2 ante Hugo Gaston en la clasificatoria. Cinco juegos cedidos en total. Una señal que pocos leyeron. El peruano de 22 años, ubicado entonces en el puesto 57 del mundo, tenía claro que su nivel alcanzaba para competir con cualquiera sobre arcilla. Solo necesitaba demostrárselo al circuito.

Cinco rivales, cinco victorias

La demostración comenzó en el cuadro principal con el aviso más contundente posible: Flavio Cobolli, número 12 del mundo y campeón defensor del torneo, cayó 6-2 y 7-5. “Sabía que podía ganar”, dijo Buse después, con una calma que ya empezaba a inquietar a sus rivales. Luego vino Jakub Menšík, exganador de un Masters 1000: 6-0 y 6-3, un doble bagel que hizo que el circuito entero empezara a preguntar quién era ese chico de la bandera roja y blanca.

Los cuartos de final ante Ugo Humbert fueron el momento en que Buse mostró de qué estaba hecho por dentro. Perdió el segundo set, llegó 0-3 abajo en el tercero y el mundo del tenis lo dio por eliminado. Remontó con seis juegos consecutivos. En la semifinal, Aleksandar Kovacevic no tuvo respuesta: 6-1 y 6-4 en una hora y cuatro minutos, con un 93% de puntos ganados con el primer saque. La calificación de desempeño oficial del ATP fue de 7.8 sobre 10. “Es la semana más especial de mi vida”, dijo esa noche. Todavía no sabía que lo mejor estaba por venir.

La final que paró al Perú

El sábado 23 de mayo, el Rothenbaum amaneció con banderas peruanas. Decenas de aficionados que habían viajado desde Lima, desde Madrid, desde Buenos Aires, llenaron las gradas con camisetas blanco y rojo. Del otro lado de la red esperaba Tommy Paul, número 25 del mundo, finalista con experiencia y el primer estadounidense en llegar a la definición de Hamburgo desde Jimmy Connors en 1981.

El primer set fue un duelo de nervios y precisión. Ninguno cedió el saque. La tensión fue escalando game a game hasta el 6-6 que forzó el tie-break. Paul anuló un set point de Buse para igualar 6-6. El estadio contuvo la respiración. Entonces Buse sacó una derecha invertida cruzada que cruzó la cancha como un rayo y cerró el parcial 8-6. Las gradas explotaron.

El segundo set fue el más duro. El termómetro marcaba 29 grados en Hamburgo y Buse acusó el golpe. Hubo una pausa, el peruano pidió atención médica y su físico tambaleó. Paul aprovechó cada fisura y se impuso 6-4 para forzar el set decisivo. En las gradas, los aficionados peruanos apretaron los puños.

Pero Buse ya había estado antes en ese lugar. Había remontado 0-3 ante Humbert. Había ganado cinco partidos seguidos desde la clasificatoria. Sabía cómo volver. El tercer set arrancó con una autoridad que no dejó dudas: 3-0, 4-1, 5-3. Paul resistió y recortó hasta el 5-3, pero Buse cerró el último game con un saque que no tuvo respuesta. 6-3. Campeón.

El abrazo, el suelo y las lágrimas

La raqueta voló. Buse cayó sobre la arcilla del Rothenbaum y se quedó unos segundos echado y emocionado en el suelo rojo, solo, procesando lo que acababa de ocurrir. Luego se levantó, miró las gradas y levantó los brazos. Las banderas peruanas ondearon todas al mismo tiempo.

Lo primero que hizo fue correr hacia su equipo. El abrazo fue largo, de esos que no necesitan palabras. Luego sus padres, que lo esperaban al borde de la pista con los ojos llenos de lágrimas. El abrazo con ellos duró más que cualquier punto del partido. Su novia, nombrada en el discurso entre risas del público, completó el círculo de los que habían estado en cada entrenamiento, en cada derrota, en cada madrugada lejos de Lima.

“¡Viva Perú!”

En la ceremonia, con el trofeo en las manos y el micrófono frente a él, Buse miró las gradas y vio lo que llevaba toda la semana viendo: banderas, camisetas, caras conocidas de un país que lo seguía desde el otro lado del mundo. La voz se le quebró. “A toda la gente de Perú: veo muchas banderas, muchas camisetas blanco y rojo. Me emociona mucho, muchísimo. Cómo extraño Perú. Quiero estar en Perú ya. Que el sueño continúe y arriba Perú siempre. ¡Viva Perú!”

El Rothenbaum respondió con la ovación más larga de la tarde. El ATP Tour lo publicó ante sus 90 millones de seguidores con tres palabras: “Nace una estrella”. Diecinueve años después de Luis Horna, el tenis peruano volvió a tener un campeón. Y esta vez, tenía 22 años y toda la carrera por delante.

Fuente: https://www.infobae.com/peru/deportes/2026/05/23/lagrimas-abrazos-y-el-orgullo-de-ignacio-buse-al-gritar-viva-peru-al-hacer-historia-como-campeon-del-atp-500-hamburgo/

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