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Las musarañas podrían agrandar el hocico en invierno para afrontar mejor el frío

Un equipo de investigadores en Japón identificó un cambio estacional r...

Las musarañas podrían agrandar el hocico en invierno para afrontar mejor el frío

Un equipo de investigadores en Japón identificó un cambio estacional r...

Un equipo de investigadores en Japón identificó un cambio estacional reversible en el hocico de ciertas musarañas, una variación que se suma al conocido encogimiento invernal del cráneo y del cerebro descrito desde mediados del siglo XX.

El hallazgo surge de un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences y aporta una nueva pieza para entender cómo estos pequeños mamíferos insectívoros atraviesan los meses de frío extremo.

El trabajo se centró en la musaraña de garras largas, una especie del noreste asiático que habita regiones con inviernos severos. Hasta ahora, la bibliografía científica había documentado que algunas de esta especie reducen temporalmente el tamaño del cuerpo, del encéfalo, del cráneo y de ciertos órganos cuando baja la temperatura y escasean los recursos. Ese proceso, conocido como fenómeno de Dehnel, permite disminuir el gasto energético en la estación más hostil del año.

Según detalló el estudio, el patrón no se limita a una reducción pareja de todas las estructuras óseas. Los autores examinaron 136 cráneos conservados en una colección del museo de la Universidad de Hokkaido, con ejemplares distribuidos a lo largo de todos los meses del primer año de vida y parte del segundo en los animales que alcanzaron esa edad.

A partir de esas mediciones, detectaron cambios desiguales en la caja craneana. Los investigadores observaron que el cráneo se aplana durante la etapa fría, en lugar de achicarse de manera uniforme en todas sus dimensiones. Esa modificación ya había sido sugerida por estudios previos con tomografía computarizada, que mostraban alteraciones de forma distintas según la región analizada.

El antecedente del fenómeno de Dehnel

La descripción original del fenómeno de Dehnel se remonta a 1949, cuando el zoólogo August Dehnel reportó cambios estacionales en algunos pequeños mamíferos, en especial la musaraña común, como estrategia de supervivencia.

La interpretación clásica planteaba una baja del consumo energético. Con el tiempo, nuevos estudios indicaron que la reducción cerebral no implica de forma necesaria una pérdida masiva de neuronas. Varias hipótesis sostienen que podría tratarse de una contracción celular y de cambios en la distribución del agua en los tejidos.

El nuevo estudio retoma esa línea y subraya que el remodelado del cráneo presenta un carácter modular. Los autores explicaron que ciertas regiones cerebrales incluso pueden mostrar aumentos de población celular en invierno, como ocurre con el bulbo olfatorio en algunos trabajos previos. Esa evidencia llevó a considerar que el proceso responde más a una reconfiguración biológica que a una degradación lineal.

Las hipótesis sobre el crecimiento del hocico

Entre las posibles explicaciones para el crecimiento estacional del hocico, el equipo planteó tres hipótesis no excluyentes. La primera sugiere que una expansión de esa estructura podría elevar la fuerza de mordida y ampliar la dieta disponible en meses con menos alimento, lo que facilitaría el consumo de presas más duras. El propio artículo aclara que, por ahora, existe poca evidencia directa para confirmar esa posibilidad.

La segunda hipótesis apunta a la regulación térmica. De acuerdo con los autores, esta interpretación cuenta con respaldo anatómico y fisiológico comparado. La presencia de redes vasculares densas en el hocico podría favorecer el intercambio de calor y reducir el enfriamiento del cerebro en condiciones bajo cero. Esa ventaja resultaría relevante para sostener funciones cognitivas en un período en que el tamaño cerebral disminuye.

La tercera posibilidad está vinculada con el olfato. Un hocico más desarrollado podría mejorar la detección de presas bajo la nieve o en ambientes donde los recursos resultan más difíciles de localizar. Si esa función se confirma en futuras investigaciones, el cambio facial tendría relación directa con la búsqueda de alimento en un contexto ecológico más exigente.

La comparación con otras musarañas

El estudio también incorpora una comparación indirecta con otra especie. Los autores recuerdan que la musaraña menor de dientes blancos, presente en regiones más templadas, no muestra evidencia de cambios estacionales en el cráneo ni en el cuerpo. Esa diferencia sugiere una adaptación asociada al estrés invernal y que las variaciones anatómicas no aparecen de manera uniforme en todo el grupo.

Aunque la investigación no siguió a animales vivos a lo largo de las estaciones, el análisis de especímenes distribuidos por edad y mes permitió reconstruir un patrón anual consistente. Los autores sostienen que futuras comparaciones entre especies que conviven en Hokkaido, un punto con alta diversidad del género Sorex, podrían ayudar a definir si el fenómeno observado responde a adaptación local, limitaciones filogenéticas o plasticidad frente al ambiente.

En el cierre del trabajo, el equipo remarca que harán falta estudios fisiológicos y del desarrollo para esclarecer los mecanismos que sostienen tanto el fenómeno de Dehnel como su variante inversa.

Fuente: https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2026/08/20/las-musaranas-podrian-agrandar-el-hocico-en-invierno-para-afrontar-mejor-el-frio/

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