Liadan Ni Chuinn, la autora irlandesa que nadie sabe quién es pero está triunfando
Liadan Ní Chuinn no tiene cara pública. No hay fotografías de ella. No concede entrevistas presenciales ni asiste a actos literarios. Publica bajo seudónimo y el nombre que firma tampoco es el ...
Liadan Ní Chuinn no tiene cara pública. No hay fotografías de ella. No concede entrevistas presenciales ni asiste a actos literarios. Publica bajo seudónimo y el nombre que firma tampoco es el suyo. Lo que existe es el libro: Todos siguen aquí, seis relatos y 160 páginas que irrumpieron en el circuito literario irlandés y europeo con una recepción que muy pocos debuts consiguen.
«Hay palabras que nunca dirás, ni siquiera en susurros. ¿De qué sirve saber lo que son las cosas, lo que subyace a su apariencia? No es nada hasta que se dice. No es nada si no se nombra.» Esa tensión entre el silencio y la palabra atraviesa una obra que lleva la firma de alguien que, precisamente, eligió no nombrarse.
Ní Chuinn nació en el norte de Irlanda en 1998, el año del Acuerdo de Viernes Santo. Su editorial irlandesa, The Stinging Fly, trabajó durante cuatro años con ella y desde una etapa temprana recibió instrucciones claras: la autora quería publicar con pseudónimo y mantener su privacidad en todo momento. “No hay fotografías disponibles de la autora y Liadan no participará en entrevistas presenciales ni eventos públicos”, comunicó la casa editora.
Todos siguen aquí —Every One Still Here en su título original— ha sido finalista del Charlotte Aitken Award, que el Sunday Times concede al mejor libro del año de un autor joven, y del Irish Book Award en la categoría de premio revelación. Además, el volumen es candidato al Premio Orwell 2026, galardón que en el pasado recibieron Donal Ryan, Hisham Matar y Ali Smith.
Fue precisamente Smith quien describió el libro como uno de sus favoritos del año y sostuvo que esos relatos sobre Irlanda y su historia reciente “revelan la verdad de la vida con tal fuerza que transforman y revitalizan el potencial mismo del género”.
La autora sitúa su literatura en la violencia colonial y sus efectosEl libro se adentra en las secuelas que dejó el conflicto en el norte de la isla sobre quienes crecieron después del alto el fuego. Uno de los cuentos que cierra la colección documenta en nueve páginas más de medio centenar de asesinatos y ejecuciones de norirlandeses —muchos de ellos menores de edad— a manos de soldados británicos.
El primer relato da el tono desde su apertura: el narrador cuenta que sus padres fueron asaltados dos noches antes de su nacimiento, cuando un grupo con máscaras y barras de hierro los obligó a detenerse en una carretera a las afueras de la ciudad.
En una entrevista por correo electrónico —el único formato que acepta—, la escritora vinculó el tono de su obra con la historia política del territorio donde nació. “En la mía hay mucho dolor que procede de la pérdida de cultura e idioma que sufrimos por causa de la colonización británica. Ese dolor viene de la violencia y de la negación de esa violencia y de sus repercusiones”, afirmó.
La autora también resumió el eje político del libro en una frase sin rodeos: “Todo se reduce a esto: quienquiera que seas, como civil, tienes derecho a que el Estado británico no te mate”. Y añadió que, aunque la guerra terminó, su impacto sigue presente y que el norte de la isla “sigue bajo ocupación”.
El anonimato o la autopromociónLa decisión de borrar la imagen de la autora contrasta con una lógica editorial donde la marca personal pesa cada vez más. Un debutante que no concede entrevistas ni asiste a actos públicos supone un desafío para cualquier editorial y su departamento de prensa, más aún en un mercado donde el cuento suele ser más difícil de vender que la novela.
La elección de Ní Chuinn se inscribe en una tradición larga de seudónimos literarios, desde Jane Austen firmando como “una dama” hasta George Eliot, las hermanas Brontë, George Orwell, John Le Carré o EL James. Pero existe una diferencia entre usar otro nombre y el anonimato total, una categoría menos frecuente en la que se ubica a Elena Ferrante, aunque incluso ella mantuvo cierto intercambio con la prensa por correspondencia. Que varias editoriales en Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos aceptaran publicar a una autora sin rostro ni nombre real solo podía explicarse, según voces del sector, por la calidad del manuscrito.
La autora habló también de la dimensión colectiva de su escritura. El título Every One Still Here remite, según explicó, a una comprensión animista del mundo: “Todos están aún aquí, vivos y muertos, todos sus miedos y sus dolores y sus consuelos y su amor”.
En esa misma conversación rechazó la idea de una identidad desligada de la historia y del territorio. “Soy una persona irlandesa, del norte de Irlanda. Pero Irlanda del Norte es el nombre de esa administración minúscula inventada por los británicos”, sostuvo.
La edición en castellano de Todos siguen aquí fue publicada por Feltrinelli.