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Música y danza para ser libres: Así es ‘A fuego’, la película española en la que los jóvenes reivindican su identidad a través del baile urbano

El cine vinculado al baile y la danza cuenta con una gran tradición popular que nos lleva desde clásicos tan queridos por el público como ...

Música y danza para ser libres: Así es ‘A fuego’, la película española en la que los jóvenes reivindican su identidad a través del baile urbano

El cine vinculado al baile y la danza cuenta con una gran tradición popular que nos lleva desde clásicos tan queridos por el público como ...

El cine vinculado al baile y la danza cuenta con una gran tradición popular que nos lleva desde clásicos tan queridos por el público como Dirty Dancing o Flashdance a Fiebre del sábado noche.

Ahora, se estrena una propuesta española que podría vincularse con Step Up, la franquicia que puso de moda las batallas de bailes urbanos a principios de los años dos mil y que ahora se reinventa para la generación Z.

Se trata de A fuego, la ópera prima en el largometraje de Estel Díaz que sitúa el baile dentro de una historia de duelo adolescente tras la muerte del hermano de la protagonista, convirtiéndose también en una exploración alrededor de la identidad, del sentido de pertenencia a una comunidad y la necesidad de expresión emocional y corporal.

El filme, que ha llegado a la cartelera el 21 de agosto, se articula alrededor de El Búnker, un espacio clandestino donde la protagonista busca respuestas sobre Nico, su hermano, fallecido en extrañas circunstancias, y acabará encontrando un refugio inesperado.

El baile como forma de exorcismo personal

La película sigue a Lola (Zoe Bonafonte), una joven de 17 años y hermana de Nico (Miquel Melero), que se adentrará en El Búnker (ubicado en las chimeneas de San Adrián), un recinto abandonado transformado en epicentro de fiestas clandestinas y batallas de baile. Allí ‘reconectará’ con la danza, estableciendo nuevos vínculos y atravesando su proceso de duelo a través del cuerpo y del movimiento.

Miquel Melero, que es bailarín profesional, agradece mucho que se retrate tan bien las disciplinas dentro del mundo de la danza. “Son de una enorme complejidad, sobre todo con los niños, que todavía no tienen ese punto de madurez emocional y que muchas veces pueden sentir presión dentro de ese mundo. Y creo que esta película toma conciencia sobre todo eso, sobre la idea de sacrificio que conlleva este campo”.

Díaz pertenece al colectivo FUTUROA, cuyo lema es: “Que lo petardo no te quite lo político y que lo político no te quite lo petardo”. La directora y guionista, que ha coescrito la película con Núria Dunjó, explicó a Infobae España que el proyecto nació “con un propósito ‘mainstream’” pero que quisieron dotarlo de “más valores” para que no fuese “puro entretenimiento”.

Así, Lola, la protagonista, intentará comprender la muerte de su hermano y encontrará en una comunidad juvenil una forma de sostener el dolor. Ese universo oculto de música, de libertad y de expresión personal desafiarán cualquier norma, y ese nuevo grupo de amigos acompañará a la protagonista en su ‘autodescubrimiento’.

Más allá de los tópicos adolescentes

La directora quería desmontar tópicos sobre los adolescentes, ese cliqué acerca de que no hacen nada o no les interesa nada, que son superficiales. Esa idea se proyecta sobre El Búnker como comunidad ‘autogestionada’ levantada “con mucha ilusión” y “con ímpetu”, hasta el punto de que, según un personaje, “El Búnker somos nosotros”.

“Creo que ayuda mucho que sea una película escrita por mujeres jóvenes, porque tienen una visión de una generación muy cercana a la nuestra”, cuenta Zoe Bonafonte. “Muchas veces ves en el audiovisual personajes de nuestra edad escritos por gente más ajena a nuestra edad y a veces frustra un poco, porque ves un poco de prejuicio y muchos estereotipos andantes”.

En el reparto figura también Ruslana, que debuta en el cine con el personaje de Bego. Ella interpreta a una de las bailarinas que frecuentan El Búnker y una de las primeras personas con las que Lola conecta. La artista trabajó estrechamente con la directora para construir el papel con “cierta libertad” e incorporar su propia mirada.

“El baile ha estado muy presente en mi vida. Mi madre es bailarina, empezando por ahí, y tengo formación desde pequeña. Pero creo que donde más aprendí fue en la calle, literalmente, lo cual también... no sé, creo que por eso pude entender también el personaje de Bego, porque siempre he estado ligada, muy ligada a la danza urbana, al comercial. Y siempre me he estado moviendo por ahí. Entonces, creo que de la experiencia se aprende”.

Además, también debuta por partida doble componiendo el tema principal para la película. “Ha sido también muy guay hacer la, la canción. Ha sido mi primera vez componiendo una canción para una peli, que es una cosa como muy concreta, porque yo siempre compongo desde el yo, desde mi mundo interior. Pero nunca había tenido la experiencia de componer una canción teniendo que contar una historia como concreta, ajena a mí, donde yo no soy yo. Entonces, ha sido un momento para aprender algo nuevo”.

Uno de los núcleos más delicados del filme es el tratamiento del suicidio. La ‘autolisis’ está en el centro de la película, de modo que la directora explica que el asunto se abordó “desde la veracidad”. Para ello, añade, el equipo consultó a un psiquiatra y trabajó con atención sobre los arcos emocionales de las personas afectadas.

Díaz insiste en que no quisieron convertir esa muerte “en un elemento más, por el puro morbo”, sino “darle dimensión y explicarlo”. La directora remacha esa posición con otra idea: “La idea de la peli es hablar de estos temas, y tenemos la responsabilidad de ser coherentes”.

Música y baile que se integra con los personajes

La dimensión expresiva del baile se refuerza además desde la música. En la película encontramos temas de Bad Gyal, como Perdió este culo, de La Zowi, de Mushkaa y la banda sonora ha sido compuesta por AWWZ y las coreografías corren a cargo de Anna Macau.

Ese peso de la danza en la narración lo explica muy bien Zoe Bonafonte: “Es muy interesante cómo la danza está integrada en la forma de ser de los personajes: Bego (Ruslana) es explosiva y la forma que tiene de bailar es así; Lola, mi personaje, es mucho más contenida y tiene un mundo emocional muy rico, pero muy oculto. Andy (Omar Banana), es muy performativo; Nico, que tiene mucha ira, mucha necesidad de perfección y lo destapa a través del baile. Yo creo que el baile ha servido mucho para entender a los personajes y construirlos desde ahí”.

El alcance temático del largometraje va más allá de la juventud y la música ya que Díaz utiliza ese marco para ir más allá del drama íntimo. Así, película traza un retrato de la gentrificación y de la apropiación de terrenos e inmuebles por parte de grandes corporaciones (de modo que los adolescentes se mojarán en su particular lucha anticapitalista), al tiempo que combina esa capa social con canciones de gancho, coreografías y un reparto coral.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/cultura/2026/08/22/musica-y-danza-para-ser-libres-asi-es-a-fuego-la-pelicula-espanola-en-la-que-los-jovenes-reivindican-su-identidad-a-traves-del-baile-urbano/

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