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Presión baja y ejercicio: las precauciones de Harvard para evitar mareos

Tener presión baja no impide hacer actividad física, pero sí exig...

Presión baja y ejercicio: las precauciones de Harvard para evitar mareos

Tener presión baja no impide hacer actividad física, pero sí exig...

Tener presión baja no impide hacer actividad física, pero sí exige cuidados para evitar mareos, aturdimiento o desmayos después del esfuerzo. Un artículo de la revista Harvard Health advirtió que el ejercicio puede provocar síntomas en personas con hipotensión, esta advertencia se ve respaldada por un estudio publicado en Clinical Autonomic Research, que asoció la ingesta rápida de agua con una menor incidencia de hipotensión ortostática tras la actividad física.

La hipotensión se diagnostica cuando la presión arterial se mantiene por debajo de 90/60 mm Hg. En personas sanas y activas puede no generar molestias, pero en adultos mayores o en quienes conviven con otros problemas de salud puede causar visión borrosa, fatiga, confusión o desmayos, sobre todo durante el ejercicio o en los minutos posteriores.

Qué pasa con la presión arterial después del ejercicio

Durante la actividad física el corazón acelera su ritmo para llevar sangre oxigenada a los músculos. Esa respuesta eleva la presión arterial de forma transitoria. Cuando el esfuerzo termina, los valores descienden de manera natural. Ese fenómeno se conoce como hipotensión posterior al ejercicio.

La fisioterapeuta Lauren Mellett, especialista cardiopulmonar y responsable de un programa de rehabilitación cardíaca de Brigham and Women’s en Foxborough, Massachusetts, explicó que esa caída puede reducir el volumen de sangre que regresa al corazón y al cerebro. Ese mecanismo favorece la aparición de mareos o sensación de desvanecimiento, sobre todo en personas que ya parten de registros bajos.

Mellett señaló además que los cambios bruscos de postura dentro de una rutina también pueden disparar síntomas. El riesgo aumenta en secuencias que alternan posiciones de pie, sentadas o en el suelo, porque el organismo necesita un lapso de adaptación ante cada cambio corporal.

Hidratación y recuperación gradual para reducir riesgos

Uno de los principales consejos del informe se concentra en la hidratación. La especialista indicó que la deshidratación puede agravar la presión baja y aclaró que no alcanza con beber mucha agua justo antes de entrenar. La recomendación apunta a distribuir la ingesta en pequeñas cantidades a lo largo del día.

También sugirió llevar una botella y tomar sorbos durante la actividad. Esa pauta ayuda a compensar la pérdida de líquidos por sudor y puede contribuir a sostener una mayor estabilidad circulatoria durante el esfuerzo.

Ese enfoque coincide con un trabajo científico, que indicó que la ingesta rápida de agua redujo la incidencia de hipotensión ortostática después del ejercicio y se asoció con mejores indicadores hemodinámicos. Aunque el artículo de Harvard Health propone una hidratación sostenida durante el día, ambas referencias ubican al agua como una medida de prevención.

Otra indicación central consiste en no detenerse de golpe al terminar la rutina. Después del ejercicio, los vasos sanguíneos permanecen dilatados y la sangre tiende a acumularse en pies y piernas. Si el movimiento cesa de forma abrupta, el retorno hacia el corazón se vuelve más lento y esa situación puede profundizar el mareo.

Por esa razón, Mellett recomendó una vuelta a la calma de al menos cinco minutos. Ese período permite que el sistema nervioso recupere el tono vascular, eleve la presión arterial y favorezca el flujo de sangre hacia el cerebro.

Qué ejercicios pueden ofrecer más seguridad

El informe indicó que algunas modalidades pueden resultar más seguras para quienes presentan síntomas después de entrenar de pie. Entre ellas aparecen los ejercicios sentados, como la bicicleta fija reclinada o la máquina de remo. Esas opciones reducen la caída de presión vinculada con la acumulación de sangre en las piernas.

La natación también figura entre las alternativas sugeridas. En ese caso, el cuerpo permanece en posición horizontal y la presión del agua ayuda a empujar la sangre y otros fluidos desde brazos y piernas hacia el centro del cuerpo. Ese mecanismo permite que el corazón bombee más sangre en cada latido.

La fisioterapeuta también planteó ajustes para las rutinas de fuerza. En lugar de hacer ejercicios de tren superior de pie, como press por encima de la cabeza o flexiones de bíceps, propuso realizarlos sentado en una silla o banco. Además, pidió cautela con las sentadillas profundas y con cualquier movimiento que implique pasar rápido de una posición baja a una más alta.

El artículo incluyó además una advertencia sobre ciertas posturas de yoga o ejercicios que dejan la cabeza por debajo del corazón. Ese cambio puede producir una llegada repentina de sangre a la cabeza y una salida rápida al volver a la posición inicial, una secuencia que puede terminar en aturdimiento.

Otro consejo apunta a la organización de la rutina. Si el entrenamiento combina ejercicios en el suelo con otros de pie, la recomendación es completar primero todos los movimientos en el piso y después incorporarse de forma lenta, con una pausa intermedia sentado o arrodillado si resulta necesario.

Además, se precisó que estas pautas no reemplazan la consulta con un médico u otro profesional de la salud. Se trata de una orientación general; por eso las personas con síntomas frecuentes o intensos deben buscar evaluación clínica antes de sostener o modificar una rutina de ejercicio.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/08/18/presion-baja-y-ejercicio-las-precauciones-de-harvard-para-evitar-mareos/

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