¿Qué hacen distinto las empresas cuyos proyectos de inversión no fracasan?
¿Por qué fracasan los proyectos de inversión? La pregunta aparece una y otra vez entre empresarios y ejecutivos. Las respuestas son múltiples, pero pueden dividirse en dos grandes grupos, cuya ...
¿Por qué fracasan los proyectos de inversión? La pregunta aparece una y otra vez entre empresarios y ejecutivos. Las respuestas son múltiples, pero pueden dividirse en dos grandes grupos, cuya diferencia es muy importante:
los problemas que las propias empresas generan y que podrían evitarse, y aquellos que surgen de circunstancias reales que escapan a su control (porque ocurrió un acontecimiento inesperado que nadie podía prever).Evaluar correctamente una inversión (sin omisiones y optimismos injustificados), contemplar distintos escenarios posibles para las variables involucradas y reevaluar el proyecto durante toda su vida son algunas de las claves para evitar errores que pueden terminar destruyendo valor.
Errores en la evaluación del proyectoEntre los problemas más frecuentes están:
Confundir Ebitda con el dinero que realmente libera un Proyecto (es decir, con su flujo de fondos). Por ejemplo, que una inversión produzca un mejor resultado antes del pago de intereses, Impuesto a las Ganancias y amortizaciones, no significa que ese dinero esté disponible para la empresa en la misma cuantía ya que hay que considerar el Impuesto a las Ganancias adicional que genera el mismo proyecto, el capital de trabajo necesario para financiar a más clientes y las inversiones que serán necesarias para, por ejemplo, mantener actualizada la tecnología de los equipos que se incluyen en la Inversión inicial.
No considerar el costo del dinero ya que recibir USD 110.000 seis meses después de invertir USD 100.000 no es lo mismo que recibirlos seis años más tarde. Todo proyecto inmoviliza dinero y, por lo tanto, el momento en que se producen los ingresos y egresos es fundamental para determinar su verdadera rentabilidad.
En esa evaluación también debe utilizarse un costo del capital adecuado.
Todo proyecto inmoviliza dinero y, por lo tanto, el momento en que se producen los ingresos y egresos es fundamental para determinar su verdadera rentabilidad
La Tasa Interna de Retorno (TIR), que permite medir la rentabilidad del proyecto, debe superar el costo promedio ponderado del capital (WACC por sus siglas en inglés), y que no es otra cosa que el promedio ponderado de todos los préstamos que tiene una empresa (netos del 35% del impuesto a las ganancias, porque los intereses son deducibles) y la tasa asignable al aporte de los accionistas (igual a la tasa de interés libre de riesgo de los Bonos de Estados Unidos más el diferencial por hacer una inversión de riesgo en un mercado que se mueve distinto al promedio del mercado más el riesgo adicional por hacer dicha inversión en un país distinto de Estados Unidos, acá todos escuchamos al denominado índice de riesgo país). Si no lo hace, la inversión no genera valor para los accionistas.
Exagerar los ingresos o minimizar la inversión inicial, los costos o demás gastos del Proyecto. Puede ocurrir que la inversión inicial se calcule con cotizaciones desactualizadas o sin ellas (lo que sería peor) o que no se incluyan todos los equipos necesarios (que se esperan comprar a partir del análisis de proyectos independientes).
También que se atribuyan al proyecto ventas que en realidad corresponden a otras iniciativas (al menos parcialmente), que se proyecten precios demasiado altos basados en la evolución de variables (como el IPC o la variación del dólar) que los mencionados precios no siguen en la práctica o que se subestimen los costos de fabricación y/o demás gastos como mayores necesidades de dotación o gastos de administración o comerciales.
Si las ventas no son realmente consecuencia de la inversión que se está evaluando, la rentabilidad estará artificialmente inflada
Una pregunta sencilla puede ayudar a detectar errores en la asignación de ingresos: “si no hago el proyecto, ¿esos ingresos desaparecen o simplemente disminuyen?” Si las ventas no son realmente consecuencia de la inversión que se está evaluando, la rentabilidad estará artificialmente inflada.
No alcanza con un escenario optimista ya que es importante analizar qué pasa si las cosas no salen como se espera. Un proyecto puede parecer muy rentable bajo determinados supuestos, pero perder completamente su atractivo si bajan las ventas, aumentan los costos, cambia el precio de venta, o la inversión inicial termina siendo mayor.
Por eso es necesario realizar “análisis de sensibilidad” para lo cual hay que identificar las variables más importantes del Proyecto y evaluar cómo impactarían distintos cambios sobre la rentabilidad. Esto permite conocer la fortaleza real de la inversión y saber qué tan probable es que un escenario desfavorable termine haciendo inviable el proyecto.
Terminar la evaluación cuando se aprueba la inversión ya que el proyecto debe seguir siendo evaluado mientras está en marcha. La información real que aparece durante su ejecución permite comparar las proyecciones con lo que efectivamente está ocurriendo y, si es necesario, corregir el rumbo.
En algunos casos será posible hacer cambios para recuperar la rentabilidad esperada. En otros, si los peores escenarios se concretaron, puede ser preferible terminar anticipadamente el proyecto antes que continuar destruyendo valor.
Riesgos que nadie puede controlarPor un lado, a veces, las estimaciones pueden ser realizadas de buena fe y aun así resultar equivocadas porque el futuro no se comporta como se esperaba.
Las estimaciones pueden ser realizadas de buena fe y aun así resultar equivocadas porque el futuro no se comporta como se esperaba
Por otro, existen acontecimientos todavía más difíciles de anticipar: los llamados “cisnes negros”. Se trata de hechos extraordinarios y disruptivos, como una catástrofe natural o una guerra inesperada, que pueden modificar por completo las condiciones sobre las que se había construido un proyecto, desvirtuándolo por completo.
La existencia de estos riesgos no significa que una inversión esté mal evaluada. Lo importante es distinguirlos de los errores que sí podían evitarse.
Por qué se cometen los errores evitablesLos factores pueden ser muchos, entre ellos:
El deseo de que el proyecto alcance una rentabilidad imaginada desde el comienzo. Una vez planteada una cifra, puede resultar difícil modificarla, especialmente cuando quien la propuso siente que perderá credibilidad si luego debe cambiarla.Las presiones para cumplir objetivos establecidos para, por ejemplo, hacer un lanzamiento en una determinada fecha, aprovechar una cotización de un proveedor antes de que venza, acceder a una tasa de financiamiento que podría aumentar, utilizar beneficios fiscales que tienen una duración limitada o aprovechar un momento particularmente favorable de la economía.Pero ninguna de estas razones debería justificar una evaluación apresurada. Si una cotización venció, habrá que pedir una nueva. Si se espera que aumente la tasa de financiamiento, ese escenario deberá incorporarse al análisis. Y si existe un beneficio fiscal temporal, habrá que evaluar qué ocurre cuando desaparezca.
Lo mismo sucede cuando se decide invertir porque la economía atraviesa un momento favorable. Suponer que las condiciones actuales se mantendrán durante toda la vida del proyecto puede ser un error. Los posibles cambios políticos y económicos y su impacto sobre el crecimiento, la inflación, el tipo de cambio, las ventas, los precios y los costos deben formar parte de la evaluación.
Qué hacen distinto las empresas que no fracasanLas empresas cuyos proyectos no fracasan no necesariamente tienen la capacidad de predecir el futuro. Lo que hacen diferente es reducir al máximo los errores que sí pueden controlar.
Buscan que los proyectos sean realmente rentables y generen valor para los accionistas. Para eso analizan cada variable con rigor, sin omisiones, sin incorporar ingresos que no correspondan al proyecto y sin recurrir a supuestos optimistas que no puedan respaldarse.Realizan análisis de sensibilidad profundos para conocer qué podría ocurrir si las principales variables evolucionan de manera desfavorable.La evaluación de un proyecto de inversión no termina cuando se toma la decisión de invertir, ya que se trata de una tarea continua que acompaña al proyecto durante toda su vida”.La conclusión es simple: ningún proyecto está libre de riesgos y nadie puede anticipar todos los acontecimientos. Pero sí es posible evitar que una inversión fracase por errores de concepto, de supuestos demasiado optimistas o falta de sensibilidad o de seguimiento.
Ningún proyecto está libre de riesgos y nadie puede anticipar todos los acontecimientos
La clave no está en eliminar la incertidumbre, sino en tomar decisiones con la mejor información disponible, revisar las hipótesis cuando la realidad cambia y tener la capacidad de corregir el rumbo a tiempo.
El autor es docente de Cálculo Financiero en la UBA, especializado en planeamiento estratégico, control de gestión, valuación de empresas, análisis de inversiones y procesos de M&A