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Solo 1 de cada 100 termina a tiempo y el 49% no comprende lo que lee: la brecha educativa en sectores vulnerables

La desigualdad educativa no se expresa solamente en quién logra terminar la escuela. También aparece mucho antes: en lo que un chico aprende, en las herramientas que tiene para sostener su trayec...

Solo 1 de cada 100 termina a tiempo y el 49% no comprende lo que lee: la brecha educativa en sectores vulnerables

La desigualdad educativa no se expresa solamente en quién logra terminar la escuela. También aparece mucho antes: en lo que un chico aprende, en las herramientas que tiene para sostener su trayec...

La desigualdad educativa no se expresa solamente en quién logra terminar la escuela. También aparece mucho antes: en lo que un chico aprende, en las herramientas que tiene para sostener su trayectoria y, finalmente, en las posibilidades que encuentra cuando llega el momento de continuar sus estudios o incorporarse al mercado laboral. En Argentina, las diferencias entre los estudiantes según su contexto socioeconómico muestran una brecha que se profundiza a medida que avanzan los años.

Durante una entrevista con Infobae al Regreso, Ana Serignese, directora ejecutiva de la Fundación Estudiar es Mejor, analizó ese escenario y explicó el trabajo que realiza la organización en escuelas ubicadas en barrios vulnerables. La propuesta apunta a fortalecer la gestión educativa, acompañar a los estudiantes y generar condiciones que permitan mejorar tanto los aprendizajes como la permanencia dentro del sistema.

La conversación, de la que participaron Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos y Mica Mendelevich, partió de algunos datos que permiten dimensionar el problema. Aziz planteó que el 49% de los chicos de sectores vulnerables no comprende lo que lee y que apenas el 1% de los jóvenes termina la secundaria en tiempo y forma. “Eso es muy grosero”, señaló al presentar la problemática y describir la tarea de la fundación con una frase que sintetizó su objetivo: “Llevan una escuela donde no hay escuela”.

El lugar donde se nace y las oportunidades que ofrece la escuela

Para Serignese, la desigualdad comienza a construirse desde el punto de partida. “El contexto, el lugar donde nacés, condiciona el acceso a educación de calidad. Y para nosotros es importantísima la palabra calidad”, explicó.

La directora ejecutiva hizo hincapié en una diferencia que, a su entender, suele quedar oculta detrás de las estadísticas de escolarización. Que exista una escuela cerca de una familia no significa necesariamente que sus hijos tengan acceso a las mismas oportunidades educativas que otros estudiantes.

En ese sentido, señaló que el 59% de los chicos que viven en contextos de alta vulnerabilidad logra egresar de la secundaria, frente al 92% de los estudiantes pertenecientes a los estratos económicos más altos. La brecha también se refleja en los aprendizajes: “El 49% de los chicos de sectores y de clases más vulnerables no entienden lo que leen en sexto grado”, sostuvo.

Las dificultades se acumulan a lo largo de la trayectoria escolar y terminan condicionando las posibilidades posteriores. Según los datos expuestos durante la entrevista, el 40% de los chicos queda fuera de la escuela y, entre quienes atraviesan esa situación, apenas uno de cada cien accede posteriormente a un trabajo formal.

Por eso, para la Fundación Estudiar es Mejor, la discusión no pasa solamente por garantizar que los alumnos estén dentro de un establecimiento educativo, sino por conseguir que puedan aprender y completar su recorrido en condiciones que les permitan proyectar un futuro diferente.

Qué hace la Fundación Estudiar es Mejor en las escuelas

La organización trabaja sobre tres ejes que, según explicó Serignese, buscan modificar distintos aspectos de la experiencia escolar. El primero está relacionado con la gestión: que los directores puedan concentrarse en lo pedagógico y no queden absorbidos por las tareas administrativas.

El segundo consiste en acercar educación de calidad y acompañar a los estudiantes durante su trayectoria. El tercero apunta a desarrollar estrategias pedagógicas que fortalezcan la autoestima y conviertan a la escuela en un espacio seguro.

La propuesta parte de una premisa: detrás de cada alumno hay un proyecto personal que también debe formar parte de la experiencia educativa. Serignese recordó, en ese sentido, una actividad realizada recientemente en el colegio María Guadalupe, ubicado en Las Tunas, una de las instituciones acompañadas por la fundación.

El encuentro tuvo como eje los sueños de los estudiantes. “Chicos que quieren ser futbolistas, chicos que quieren construirle las casas a sus familias, y mucha proyección vinculada a cómo se van a desarrollar cuando sean grandes”, contó.

El caso de María Guadalupe también fue destacado durante el programa por el reconocimiento internacional que recibió la institución. Aziz recordó que el colegio fue distinguido como Mejor Escuela del Mundo en la categoría colaboración comunitaria, un premio que puso el foco en el vínculo entre la institución, las familias y su entorno.

Una diferencia que aparece en los resultados

La intervención de la fundación, según los datos presentados por Serignese, se refleja en los indicadores de las escuelas que acompaña. “El 98% de los chicos egresa. La tasa de egreso es altísima”, afirmó.

La cifra cobra especial relevancia cuando se la contrasta con las dificultades que atraviesan otras escuelas en contextos de alta vulnerabilidad. Serignese sostuvo que, mientras en algunos lugares la tasa de egreso ronda el 60% y apenas uno de cada cien estudiantes logra completar la secundaria en tiempo y forma, el trabajo de la organización consiguió modificar sustancialmente esa trayectoria.

Pero el objetivo no termina en el egreso. También importa qué conocimientos adquieren los alumnos y qué posibilidades tienen después de abandonar las aulas. En ese punto, Serignese aseguró que los estudiantes de las instituciones acompañadas alcanzan, en las pruebas Aprender, resultados en Lengua y Matemática comparables con los de establecimientos de mayor costo del país.

El seguimiento posterior muestra otro indicador que la fundación considera relevante: “El 87% de los chicos, por ejemplo, consigue un trabajo o sigue estudiando cuando egresa”, señaló la directora ejecutiva.

El desafío de acompañar a los chicos más allá del aula

La escuela, sin embargo, no es el único espacio que interviene en la trayectoria de un estudiante. El acompañamiento familiar también aparece como un factor determinante, aunque las dificultades para ejercerlo atraviesan a hogares de distintos sectores sociales.

Mica Mendelevich planteó durante la entrevista una escena cotidiana: “Hoy es un desafío para cualquiera, para mí como mamá, entender cómo acompañar a mi hijo, cómo sacarlo del teléfono, cómo entender qué necesita”.

Serignese coincidió en que el problema excede a los contextos de vulnerabilidad. “Esa matriz es complicada y es cross todas las clases sociales”, respondió. La diferencia, explicó, está en las herramientas disponibles para enfrentar esas situaciones y en la posibilidad de que la escuela acompañe también a las familias.

La fundación trabaja con especialistas para abordar algunas de esas dificultades, entre ellas el uso de las pantallas. El objetivo es ofrecer alternativas concretas para que padres e hijos puedan compartir actividades fuera de los dispositivos y generar otras formas de encuentro.

“Quizás en clase y en casa también, fundamentalmente, qué actividades se pueden hacer a nivel familiar para ocupar un tiempo distinto de recreación con los chicos”, explicó Serignese. Y destacó el valor de que esas iniciativas involucren a toda la comunidad educativa: cuando participan los compañeros y sus familias, sostuvo, también aparece la posibilidad de construir nuevas dinámicas colectivas.

La experiencia de la Fundación Estudiar es Mejor se inscribe así en una discusión más amplia sobre la educación argentina: cómo lograr que el lugar donde nace un chico no determine la calidad de la escuela a la que accede ni limite de antemano sus posibilidades futuras.

Para Serignese, la respuesta comienza por recuperar el sentido de la educación como una herramienta capaz de ampliar horizontes. “Educar en calidad es animar a los chicos a que puedan imaginar un proyecto de vida, que puedan conectar con lo que verdaderamente quieren, más allá del contexto en el que se encuentran”, concluyó.

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Fuente: https://www.infobae.com/educacion/2026/09/02/solo-1-de-cada-100-termina-a-tiempo-y-el-49-no-comprende-lo-que-lee-la-brecha-educativa-en-sectores-vulnerables/

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