Tras sismo de 7.2 en Ayacucho, revisan la Costa Verde y hallan geomallas con forados y estructuras deterioradas en tres distritos de Lima
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El fuerte sismo de magnitud 7.2 registrado en Ayacucho volvió a poner bajo atención las condiciones de seguridad de la Costa Verde, una vía que recorre sectores de Lima junto a los acantilados. La revisión de distintos puntos permitió identificar desperfectos en algunas de las estructuras destinadas a contener rocas y material del terreno.
Las geomallas cumplen una función de protección frente a posibles desprendimientos desde las pendientes hacia la vía vehicular. Sin embargo, en varios sectores existen señales de deterioro que comprometen parte de estos sistemas de contención.
En Chorrillos, una de las estructuras presenta grandes aberturas y zonas descosidas. En Miraflores y Magdalena también se observaron sectores con daños en las geomallas y en elementos metálicos vinculados con su soporte.
El antecedente de desprendimientos registrado en la Costa Verde mantiene la atención sobre estas estructuras. En junio de 2025, un movimiento sísmico de magnitud 6.1 provocó la caída de rocas sobre la pista, de acuerdo con la información proporcionada. El estado de las barreras vuelve a generar preocupación ante la posibilidad de un movimiento de mayor intensidad.
Geomallas con daños en distintos sectores de la Costa VerdeLas estructuras instaladas en los acantilados presentan diferentes niveles de deterioro. En Chorrillos, una geomalla muestra grandes forados y partes desprendidas de sus uniones, situación que reduce su capacidad de protección frente a la caída de material.
El especialista en geomallas Rigoberto Marín explicó que estas estructuras requieren un sistema adecuado de anclaje para soportar el peso del terreno y de las rocas. Según el experto, la ubicación de los puntos de fijación resulta determinante para evitar que el material se rompa ante una carga considerable.
“Estas erosiones hay porque son plásticos y por esos plásticos se rompe también”, explicó Marín al referirse al deterioro observado en las estructuras.
En Magdalena también se identificaron geomallas y barreras de contención próximas a los carriles vehiculares. Estos elementos cumplen la función de contener rocas que podrían desprenderse desde las pendientes durante un movimiento sísmico.
El antecedente de las rocas sobre la víaLa Costa Verde registra antecedentes de desprendimientos asociados con movimientos telúricos. En junio de 2025, un sismo de magnitud 6.1 provocó la caída de piedras sobre la pista, según la información proporcionada.
El episodio evidenció el riesgo existente para los vehículos que circulan por esta vía. Ante un movimiento sísmico, las personas que se encuentren en la Costa Verde deben considerar las medidas de seguridad establecidas, mientras que la presencia de rocas sobre la calzada puede generar una situación de peligro para conductores y pasajeros.
La información proporcionada también señala la existencia de más de una decena de accidentes trágicos registrados durante los últimos años en la zona. El riesgo no se limita a la carretera, debido a la proximidad de viviendas y establecimientos con los acantilados.
Qué función cumplen las estructuras de contenciónLas geomallas están diseñadas para controlar el desprendimiento de rocas y otros materiales desde los acantilados. Su instalación permite reducir la posibilidad de que estos elementos alcancen la vía vehicular.
Marín señaló que el anclaje constituye una parte esencial del sistema. Las estructuras necesitan puntos de sujeción capaces de soportar el peso del terreno. Cuando estos elementos presentan daños o pierden resistencia, la protección puede verse afectada.
En algunos sectores también existen soportes metálicos destinados a sostener las geomallas. Parte de estos componentes presenta desperfectos, de acuerdo con la información recogida en el recorrido por la Costa Verde.
La resistencia de las geomallas frente a un sismoEl especialista Mario Casaretto explicó que un terremoto de magnitud 8.8 representaría un escenario de considerable impacto para la zona y señaló que la resistencia del acantilado sería un factor relevante frente a un movimiento de esa magnitud.
Casaretto también citó un antecedente distinto. El 15 de julio del año pasado, un sismo de magnitud 5.5 afectó la zona y, según su explicación, las geomallas permitieron contener el desprendimiento y evitar que la vía resultara afectada.
El especialista indicó además que parte del deterioro de estas estructuras responde a acciones humanas, entre ellas el arrojo de desperdicios y el uso de cigarrillos en los alrededores.
La situación también involucra a las edificaciones próximas a los acantilados. Entre los puntos señalados figura Larcomar, además de otros inmuebles ubicados cerca de las pendientes.