Un meteorólogo cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial con su parte del tiempo y ahora su historia llega a los cines con Brendan Fraser en la película ‘Tiempo de victoria’
El meteorólogo James Stagg regresó la noche del 4 de junio de 1944 a la sala donde ...
El meteorólogo James Stagg regresó la noche del 4 de junio de 1944 a la sala donde Dwight D. Eisenhower esperaba el pronóstico que podía detener una invasión. El meteorólogo escocés, asesor principal de la Oficina Meteorológica Británica, llevaba una previsión menos adversa para el 6 de junio. Eisenhower escuchó, permaneció unos 45 segundos en silencio y dio la orden: “De acuerdo, vamos a ir”.
La película Tiempo de victoria, que llega esta semana en cines, reconstruye esas horas previas al Día D. Andrew Scott interpreta a Stagg y Brendan Fraser encarna a Eisenhower, el general estadounidense que debía decidir si enviaba a más de 150.000 soldados aliados hacia las playas de Normandía o si esperaba una nueva marea favorable. Un largometraje que inmortaliza una de tantas grandes historias que esconde este período, pero que por fin es inmortalizada en la gran pantalla.
Stagg no comandaba tropas ni ocupaba un lugar en la cadena militar que preparaba el desembarco. Su tarea consistía en reunir las conclusiones de tres grupos de pronosticadores, dos británicos y uno estadounidense, y convertirlas en una recomendación única para el comandante aliado. Los equipos no trabajaban con los mismos métodos ni llegaban siempre a la misma respuesta. Los estadounidenses se apoyaban en previsiones analógicas: comparaban las condiciones presentes con patrones registrados en el pasado. Los británicos usaban observaciones, cartas trazadas a mano y conocimientos todavía recientes sobre la atmósfera superior. Stagg debía oír las discusiones, ordenar los datos y entrar luego a una reunión donde cada conclusión podía modificar el comienzo de la Operación Overlord.
El pronóstico que cambió todoPeter Stagg, su hijo, lo recordó años después desde su casa, a una hora de Burdeos. Dijo que su padre era “un escocés adusto e irascible”, de disciplina estricta y pocas sonrisas. También recordó que, cuando había visitas, podía convertirse en un anfitrión atento, con whisky para los invitados. En junio de 1944, esa faceta quedó desplazada por una responsabilidad que su hijo resumió de otro modo: si el pronóstico fallaba, Francia podía haber tenido otro destino.
El 5 de junio era, en principio, la fecha ideal para el desembarco. Los aliados habían identificado una ventana entre el 5 y el 7 de junio, pero no podían elegir cualquier jornada. Antes de la invasión necesitaban 48 horas de calma; luego, vientos inferiores a fuerza 4 de Beaufort durante tres días. Los aviones requerían baja nubosidad, una visibilidad de más de 4,8 kilómetros y una base de nubes suficiente para las operaciones. También necesitaban marea baja al amanecer para dejar expuestas las defensas alemanas. La fecha debía caer un día antes o cuatro después de la luna llena, por las misiones nocturnas. Y el desembarco debía coincidir con la ofensiva soviética de verano en el frente oriental, para obligar a Alemania a repartir sus fuerzas.
Catherine Ross -interpretada por Kerry Condon en el filme-, responsable de biblioteca y archivos de la Met Office, calculó que la posibilidad de reunir las condiciones meteorológicas deseadas era de 13 a 1. Si se sumaba el requisito de la luna, las probabilidades se alejaban todavía más. A comienzos de junio, una sucesión de frentes y bajas presiones atravesaba el canal de la Mancha. La previsión meteorológica era un adelante o un alto. El resto estaba listo.
Se abrió el cielo y apareció la oportunidadLos meteorólogos estadounidenses veían una oportunidad para el 5 o el 6 de junio. Los británicos objetaban la primera fecha. Una tormenta cerca del norte de Escocia y un sistema de alta presión sobre el Atlántico anunciaban mar agitado y nubosidad excesiva sobre el canal. Stagg tomó partido por la advertencia británica: los vendavales harían imposible el desembarco. Eisenhower recibiría después aquel parte como “el peor informe que hubieras visto”. Los convoyes que ya habían salido recibieron la orden de regresar. La maquinaria reunida para una de las mayores operaciones anfibias de la historia quedó suspendida por una previsión que podía cambiar en cuestión de horas. Stagg escribió en su diario: “Ahora estoy bastante aturdido, todo es una pesadilla”.
El 4 de junio, los mapas comenzaron a sugerir otro movimiento. La tormenta podía desplazarse hacia el noreste y dejar detrás un intervalo breve de condiciones menos hostiles. No era el tiempo que los planificadores habían imaginado para el Día D. Era apenas una pausa entre sistemas meteorológicos.
El trabajo de Stagg exigía una conclusión que los gráficos no entregaban de manera limpia. Los equipos se acercaron a un consenso para el 6 de junio, pero la recomendación no garantizaba cielos despejados ni mar calmo. La pregunta era más limitada: si ese día sería suficientemente bueno. Stagg volvió ante Eisenhower con esa respuesta. El general recordaría una “pequeña sonrisa” en el rostro del meteorólogo. También recordaría que pensaron que aquella pausa podía alcanzar para hacerlo. Tras el silencio, autorizó el avance. El 6 de junio de 1944, las fuerzas aliadas desembarcaron en Normandía.
El pronóstico acertó por razones equivocadasLos primeros soldados cruzaron el canal de la Mancha con el mar todavía agitado. The Associated Press describió “mareos considerables” entre quienes viajaban hacia Francia. Los vientos levantaban olas blancas y el trayecto se volvió más difícil de lo previsto. La previsión de Stagg no se cumplió de la forma esperada. Dan Suri, meteorólogo de la Met Office, explicó que la tormenta al norte de Escocia no avanzó hacia el noreste. Se desplazó al sur, hacia el mar del Norte, y se debilitó durante ese recorrido. Los vientos cedieron algo y la visibilidad mejoró cuando el frente sobre el norte de Francia se alejó. “Acertaron por las razones equivocadas”, dijo Suri.
Las condiciones siguieron siendo marginales, pero esa precariedad alteró los cálculos alemanes. Las previsiones de Alemania eran parecidas a las aliadas. El 4 de junio, el meteorólogo jefe de la tercera flota aérea alemana le dijo al mariscal de campo Erwin Rommel que el tiempo en el canal impediría intentos de desembarco hasta el 10 de junio. Los alemanes esperaban una invasión con mejores nubes, viento, visibilidad y una marea alta. Los aliados avanzaron con requisitos distintos y atacaron cuando el mal tiempo parecía descartar esa posibilidad.
Después de la invasión, Stagg redactó un informe oficial para Eisenhower. Lo acompañó con un memorando sobre la decisión de aplazar el desembarco y sobre lo que habría ocurrido si las tropas hubieran tenido que esperar las siguientes mareas aptas. El meteorólogo escribió que una postergación habría dejado a los soldados ante la peor tormenta del canal de la Mancha en 20 años. La decisión tomada durante aquellos 45 segundos había evitado un temporal que los pronósticos posteriores mostraron con mayor claridad que los mapas disponibles en la noche del 4 de junio. Eisenhower respondió por escrito: “Gracias. Y gracias a los dioses de la guerra que fuimos cuando lo hicimos”.
Tiempo de victoria vuelve a esa habitación, a los mapas y a esa orden. Andrew Scott interpreta a Stagg mientras Brendan Fraser representa a Eisenhower frente a una decisión que dependió de una previsión incompleta, un frente que cambió de rumbo y un desembarco que comenzó el 6 de junio de 1944. Años después de lo ocurrido, durante un encuentro entre el entonces presidente Kennedy y el viejo Eisenhower, el primero le consultaría al segundo sobre el factor clave para ganar la guerra. “Teníamos mejores meteorólogos que los alemanes”, sería su contundente respuesta.